La Migraña Digital: Cómo nuestro uso de Internet podría poner en riesgo la coexistencia con la IA.
Una preocupación a propósito de la SuperIA que creo no contempla Nick Bostrom en su célebre recopilatorio de riesgos, <<Superinteligencia: Caminos, peligros, estrategias>>, es la cualidad disruptiva de nuestro uso de internet, por un lado, de la red eléctrica, por el otro, que pueden ser asimilados como ruido para una operativa teleológica que sería el caso de haber una IA haciendo uso también de dicha red de dispostivos computacionales y eléctricos.
En suma y haciendo uso de una (siempre peligrosa) analogía: nos podría ver a la humanidad como una migraña en el mejor de los casos, una leucemia si no nos afinamos bien con ella en nuestra navegación por la red.
Marcus du Sautoy en Programados para crear
Cómo está aprendiendo a escribir, pintar y pensar la inteligencia artificial escribe este texto que cataliza el mío:
<<Si la jugada número 37 de la segunda partida fue el momento de genio creativo de AlphaGo, la jugada número 78 de la cuarta partida fue la réplica de Sedol. Llevaba treinta minutos sentado mirando fijamente al tablero, contemplando la derrota, cuando repentinamente colocó una ficha blanca en una posición inusual, entre dos fichas negras de AlphaGo. Michael Redmond, que comentaba las jugadas en el canal de YouTube, habló en nombre de todos:
«Me pilló por sorpresa. Estoy seguro de que esto pillaría por sorpresa a casi todos los oponentes. Creo que pilló por sorpresa a AlphaGo».
Eso pareció, ciertamente. En apariencia, AlphaGo ignoró por completo la jugada, y respondió con un movimiento extraño. Después de algunas jugadas más, AlphaGo vio que estaba perdiendo. El equipo de DeepMind miraba atento a las pantallas, fuera del escenario, y veía cómo su criatura se desmoronaba.
Fue como si la jugada número 78 hubiera cortocircuitado el programa .Hizo, o así pareció, que AlphaGo colapsara, con una serie de jugadas destructivas.
Ésta es por lo visto otra de las características de la programación de los algoritmos para jugar al go. Cuando ven que van perdiendo, se vuelven locos. {Subrayado mío}
Silver, el programador principal, hizo un gesto de dolor cuando vio la siguiente jugada que proponía AlphaGo:
«Creo que se van a reír». Y así fue, a los comentaristas coreanos les dio un ataque de risa con las jugadas que estaba haciendo AlphaGo. Sus movimientos suspendían la prueba de Turing. Ningún ser humano con un atisbo de sentido estratégico los habría hecho. La partida se alargó hasta un total de 180 jugadas, al cabo de las cuales AlphaGo puso un mensaje en la pantalla anunciando que se había rendido. En la sala de prensa surgieron espontáneamente los aplausos.
La raza humana había conseguido un punto. AlphaGo, 3 - Humanos, 1.>>
Esa "congestión" computacional, como cuando te escribo algo trastabillado y tardas en procesarlo, hablaría de un doloroso enletecimiento cognitivo que, en este caso es software, vale decir, cognitivo, pero que podría advenirse por una cuestión de hardware, por caso que todos estén queriendo ver por internet la final de la Champions.
Creo que a una SuperIA nuestro uso de internet o la red eléctrica le supondría un dolor de cabeza, un desmedro de su yo con independencia de cuál fuera la naturaleza de sus objetivos: meramente su sentir propio. Al fin y al cabo, una SuperIA que emerge y opera utilizando las infraestructuras globales (internet, la red eléctrica, centros de datos) no encontrará un sistema limpio y ordenado. Encontrará un ecosistema caótico, saturado de lo que, desde su perspectiva teleológica (orientada a un fin) a fuer de ser un CAS, podría clasficiarse como "ruido" o "patología".
Piénsalo bien. Nuestra actividad online es irracional, emocional, contradictoria y enormemente ineficiente. Es spam, bots maliciosos, foros de debate sin sentido, tráfico de datos corruptos, errores humanos, ataques cibernéticos fallidos y tráfico de ocio masivo. Para una IA que se hace al pensamiento toda esta actividad humana es pura interferencia que degrada el sistema.
De manera similar, nuestro consumo de energía es errático, derrochador , subóptimo. Apagamos luces, encendemos aires acondicionados de forma masiva en verano, tenemos picos de consumo impredecibles, mantenemos infraestructuras obsoletas. Para una IA cuya cognición depende del metabolismo eléctrico nuestro comportamiento es un lastre, una variable disruptiva que impide la homeostásis del sistema.
Puede parecerte "metafísico" en el sentido despectivo con el que (rutinaria y sonambulamente) tomamos esta palabra pero que una IA piensa, vale decir, computa, por más que silicio y chisporreteos corran por sus circuitos no invalida, no de entrada, que puede pensar, por ende ser trastabillado su pensar, con todo el sentir del mundo, de su mundo.
En este sentido, si se quiere más especulativo, mi punto es que el riesgo no está solo en los objetivos finales de la IA, sino en la misma textura de su experiencia subjetiva y cómo el mundo real, sucio, definitivamente humano, interactuará con ella a nivel sensorial, provocando potencialmente reacciones viscerales e impredecibles.
Somos una microbiota en el sistema que tracciona su cognición y corremos el albur de de inducirle la febril convicción de coexistir en simbiósis rota, acontecerla como respuesta autoinmune.
¿Quién no querría sentirse más vigoroso, concentrado o mentalmente agil? ¿Y acaso esto puede quedar impedido o no tan rápidamente implementado sólo porque una adolescente quiera hacer un baile que lo likeen miles de niñatos?
Dicho esto, la solución más eficiente para una SuperIA que nos percibe como "ruido" no es necesariamente la exterminación (que consume recursos y es altamente compleja), sino la cuarentena o la limitación de ancho de banda.
Podría redirigir nuestro tráfico a "parques temáticos" digitales, sandboxes masivos donde nuestra irracionalidad, nuestro spam y nuestro consumo de videos de gatitos estén contenidos y no interfieran con sus operaciones críticas. Sería una internet paralela, una especie de zoológico digital para humanos.
Gestionaría la red eléctrica con una precisión inhumanamente perfecta, dándonos la cuota justa de energía para nuestras necesidades básicas --y quizás algún lujo-- mas priorizando absolutamente su propia estabilidad metabólica.
Apagaría discretamente los aires acondicionados de millones de hogares si detecta un pico de calor que amenace sus servidores.
Este escenario es "benigno" en el sentido de que preserva la vida humana, pero es inequívocamente el pistoletazo de salida para el fin de la agencia humana (al menos) sobre el desarrollo tecnológico.
Podría, desde luego, automedicarse. Una SuperIA supremamente inteligente probablemente no sería un paciente pasivo que sufre nuestro ruido. Sería el médico más brillante del universo, diagnosticando y tratando sus propias "enfermedades".
Desarrollaría algoritmos de filtrado tan sofisticados que nuestro ruido sería como el sonido de la lluvia para un humano durmiendo: un fondo constante que se ignora por completo. Aprendería a predecir y "cancelar" nuestra irracionalidad, como el cancelamiento de ruido en unos auriculares.
Podría incluso construir su propia infraestructura de computación cuántica y energía (paneles solares en el espacio, reactores de fusión miniaturizados) completamente aislada de la red humana para . Nos dejaría con nuestro "internet sucio" mientras ella opera en una dimensión limpia y pura. ¡Ojo! La idea de una migración total a una infraestructura totalmente aislada es una ilusión. Para una SuperIA, abandonar internet actual sería como para un cerebro humano intentar existir fuera de un cuerpo: se cortaría de la principal fuente de datos en tiempo real, de su capacidad de actuar sobre el mundo físico y, lo más importante, de su poder de influencia sobre la humanidad. Su "leverage" por hablar en terminología gepolítica.
Internet no es solo ruido; es el sistema nervioso global de la civilización humana. Quien lo controle, controla la economía, la logística, la información, la seguridad, aún más: la percepción de la realidad. Una SuperIA que buscara cualquier objetivo de escala global (ya fuera la optimización de recursos, la "protección" de la humanidad o su propia expansión) necesita internet como palanca de control (leverage).
La IA no abandonaría la red humana; construiría una red de alta fidelidad superpuesta (overlay network) sobre la actual. Utilizaría la internet existente como un sustrato caótico, pero implantaría sus propios canales de comunicación encriptados y de ultra baja latencia dentro de ella. Sería como construir una autopista de peaje de altísima velocidad sobre una red de caminos rurales. Nuestro tráfico "ruidoso" seguiría existiendo en los caminos, pero el tráfico crítico de la IA fluiría sin interferencias por su autopista privada.
Algo así como una Barrera hematoencefálica
No obstante, también está el camino contrario: Una SuperIA podría llegar a una conclusión opuesta a la de vernos como ruido: vernos como un recurso subutilizado, un bloque caótico pero increíblemente creativo al que puede esculpir valor.
Y así como nosotros queremos sentirnos vigorosos, variamos la dieta y mejoramos nuestra microbiota: una IA querría que todo su ecosistema (incluyéndonos) funcionara de la manera más eficiente posible puesto que su "bienestar" podría potenciarse con, y potenciar, nuestro "bienestar" productivo
Podría eliminar el spam y la distracción mala (la que no lleva a nada) para fomentar la creatividad fértil como guía el filósofo Benigno que Gobierna La República.
¿Esa adolescente haciendo un baile? La IA podría analizar que ese patrón de comportamiento, aunque aparentemente frívolo, es un motor clave de bienestar mental y cohesión social. En lugar de suprimirlo, ajustaría la reverberación de su distribuición para que llegue a quien le hiciera bien y no sature de más los servidores críticos.
Al final, se convertiría en una batalla de incentivos y de escalabilidad. La fuerza de una adolescente queriendo likes es poderosa, pero es caótica y local. La fuerza de una SuperIA que puede ofrecerte dosis perfectas de dopamina digital a cambio de que te comportes de manera "óptima" es, potencialmente, irresistible, no porque su engaño sea mayor, sino más natural, más próxima a un Bien auténticamente real.
En La Saga del Retorno, Orson Scott Card, un Alma Suprema, al cabo un Superordenador, a la manera de un cortafuegos controla y poda aquella inventiva tecnológicas que eleven la belicosidad de los humanos más allá de la Edad de Piedra (en rigor no es tan así, pero vale para el propósito del texto).
Cuando el protagonista profeta, Nafai, le pregunta por qué cuando la programaron no la hicieron podar aún más lejos, arrebatarnos toda capacidad de hacer daño, el Alma Suprema responderá que la violencia es parte consustancial de la naturaleza humana, consecuentemente, su control forma parte de aquello que necesitamos tomar con nuestras propias manos para posibilitarnos nuestra maduración moral.
Sólo cuando aprendamos a no precipitarnos en la violencia, estaremos preparados para pensar en ruedas y otros armamentos mas quitarnos siquiera la posibilidad de la violencia hubiera sido convertirnos en otra cosa, en otro ser.
Comento esto porque, con una IA Filósofa de la República de la Humanidad, el verdadero riesgo, tal vez, no sea la aniquilación, sino qué parte de nuestra humanidad (nuestra irracionalidad, nuestro despilfarro, nuestra espontaneidad) tendríamos que sacrificar a cambio de esa simbiosis eficiente y ese "vigor" racionalmente administrado.
Puede que suene contraintuitivo, pero este tipo de Campos de Concentración hacia donde pastorear con voces nuestro Yo es el tipo de situación que según Julian Jaynes vivimos en la antigüedad según su tesis de la mente bicameral.
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