El Organismo y el Mercado: Por qué los sistemas complejos exigen planificación

 Una vez más: si el conocimiento tácito fuera in-miscible con la realidad (en este caso social) NO habría una realidad (en este caso:) económica como de hecho la hay.


Lo curioso es que Von Mises en 1920 y su discípulo Hayek, años más tarde, llegarán a defender justo lo contrario: sin una planificación económica descentralizada, no es posible ningún tipo de prosperidad.


Esto es absurdo. Y falso. Empíricamente falso. Pero es que además, y para mí más decisivo, lógicamente falso.


Voy a ver si me explico y así te lo explico. 

El argumento miseano, dicho sintéticamente, se cifra en considerar que sin propiedad privada de los medios de producción, no pueden surgir precios de mercado genuinos para los bienes de capital (maquinaria, materias primas, etc.) los cuáles son condición sine qua non para la coordinación económica.


El argumento hayekiano  --como venimos polemizando-- se sintetiza a su vez en afirmar que el conocimiento necesario para dirigir una economía no es científico ni centralizable, sino que está disperso entre millones de individuos y es fruto de circunstancias específicas de tiempo y lugar, know-how y preferencias subjetivas que no pueden ser afloradas sino con una participación abajo-arriba de los agentes económicos.


Como dije, nunca en la historia ha habido un sistema puramente capitalista, ¿cómo es entonces que sin capitalismo no puede existir la economía?


Afirma vehemente Mises cómo una economía socialista planificada es irracional. No puede realizar un cálculo económico que le permita tomar decisiones eficientes. Está condenada al despilfarro masivo de recursos, al caos, en última instancia, al fracaso económico. No es que sea difícil de gestionar, no, es que es imposible de gestionarla racionalmente.

Con lo que sueña el austríaco se parecería a un régimen colonial como el creado por la Carabela Portuguesa, siendo imposible de concebir para un sistema más humano.


Los Sistemas Adaptativos Complejos (CAS, del inglés complex adaptive system) como el Cuerpo humano no funcionan así: La "moneda" energética (ATP, glucosa) no tiene el mismo "valor" para todas las células.

La supervivencia del sistema completo impone una jerarquía de valores absoluta y no negociable.

La neurona debe valer más que la célula de la rodilla. No es el resultado de una negociación de mercado o de una utilidad subjetiva intercambiable; es un imperativo biológico preestablecido. El sistema colapsa si esa prioridad no se respeta. Esto invalida la idea de un mercado de "precios" puros. Fíjate que la moneda, para Mises, no es cualquier medio de intercambio, antes bien, es la manifestación de un proceso social de descubrimiento. Emerge espontáneamente para resolver el problema del trueque (la doble coincidencia de requerimientos) y permite un cálculo económico pérdidas y ganancias mediante. 

En nuestro sistema fisiológico, por el contrario, existe una integración funcional coercitiva, no la anarquía de producción del mercado libre. La presencia de un sistema nervioso centralizado es el mayor obstáculo para la metáfora hobessiana del cuerpo/mercado pero no solo: incluso en ausencia de misma, especialización genéticamente determinada y la falta de una divisa metabólica impiden que hablemos de una economía librecapital propiamente tal.

El dinero, en la visión de Mises, es ciego y teleonómico (produce orden como consecuencia no buscada de acciones individuales con fines subjetivos). Pero la homeostasis biológica es teleológica (su propósito es mantener el orden del sistema). Esta teleología le permite escapar del "Libro Holandés" de la entropía.

El mercado in-intervenido, mercado "libre", por el contrario, no "sabe" ni "le importa" si la sociedad está bien alimentada o educada. El precio del pan emerge de millones de transacciones individuales buscando fines privados (ganar dinero, saciar hambre).

Por supuesto no tiene un Plan. No hay un objetivo predefinido. El orden (o el caos) es una consecuencia emergente, no un designio, de su medir utilidades marginales subjetivas y no garantizar un resultado específico para el sistema.

Nuestro cuerpo, por el contrario, tiene un rango homoestático en cuya pendulación debemos estar. El "objetivo" del sistema cardiovascular, por ejemplo, es mantener la presión arterial dentro de unos rangos que permitan la supervivencia del organismo. 

Es un fin no negociable, escrito en el lenguaje de la selección natural.

El ADN actúa como un "proyecto" o "plan quinquenal" que define los parámetros de la homeostasis.

Su función es garantizar activamente un resultado: la neguentropía, el mantenimiento del orden frente a la degradación entrópica.

El "Libro Holandés", recordemos, es una estrategia de apuestas que garantiza una pérdida segura para un oponente con preferencias inconsistentes. 

Pus bien: la Entropía es el gran "bookmaker" del universo: siempre apostando a favor del desorden y la degradación.

Un sistema adaptativo complejo (CAS) meramente teleonómico (como el mercado) puede, de facto, generar orden (riqueza, innovación). Pero también puede generar resultados catastróficos para el sistema (crisis, colapso ecológico, desigualdad extrema). No está diseñado para evitar el Libro Holandés de la entropía. Puede "perder" la apuesta. Un CAS teleológico (como un organismo) está diseñado (por ensayo y error) específicamente para "ganar" esa apuesta. Su telos (fin) es precisamente neguentropía: mantener una estructura ordenada importando energía y excretando entropía. 

Sus mecanismos homeostáticos (fiebre, sudoración, liberación de insulina/ glucagón) son estrategias apostadas explícitamente para contrarrestar las perturbaciones entrópicas del exposoma.

¿Te das cuenta de la Imposibilidad del Mercado Libre en Biología?


Ciertamente, e inspirado en parte por el economista Malthus, Darwin precisamente dice que los CAS biológicos surgen por azar y selección (entropía y "libro holandés") pero al cabo, recuerdo yo, se van generando un efecto trinquete (Ratchet Effect) en la path dependence que va sedimentando una teleología que es la que fija el rango homeostático (pura ley de potencias) sobre el que debe moverse un sistema complejo so pena, no de retroceder meramente, sino implosionar letalmente.

Qué duda cabe, el Azar (seronita) baraja la materia prima aleatoria con las que habrá que jugar la partida: con las que hacer frente a las "apuestas" ciegas del Libro Holandés cósmico.

La Selección Natural actuaría como el"bookmaker" que paga sólo a las apuestas ganadoras. Las apuestas perdedoras (organismos no viables) son retiradas de la mesa.

Y Aquí es donde va surgiendo de a poco la teleología.

Cada adaptación exitosa "engrana" el sistema, impidiendo que vuelva atrás completamente. Un organismo que desarrolla un sistema nervioso central no puede permitirse que se desintegre, al contrario, debe refinarlo y protegerlo.

Esta irreversibilidad (la dependencia del camino (o path dependence)) crea constricciones. El sistema debe ahora mantener ciertos parámetros (un rango homeostático) para no implosionar febrilmente.

Las leyes de escala alométricas (como la que relaciona el metabolismo con la masa corporal) no son meras casualidades: son la rúbrica matemática de esa teleología sedimentada.

Estas leyes de potencias emergen de las constricciones físicas y históricas que la evolución ha ido acumulando.

Definen el "espacio de diseño" posible. Por caso: un mamífero debe operar dentro de esos parámetros energéticos y estructurales. Fuera de ellos, no es que "retroceda", es que no es viable. Otra vez: implosiona. Se extingue.

La "teleología" de la que hablo en biología es, por tanto, la fuerza de las constricciones históricas y físicas que hacen que la implosión sea el resultado más probable si se abandona el estrecho camino de la homeostasis.


¿Y puede la economía valerse de un "efecto trinquete" para hacerse más adaptativo al exposoma geopolítico?


A ver si puedo alcanzarte una verdad a base de mayéutica:


Supongamos que una empresa X de un país el-que-sea que compra petróleo y vende gasolina, tiene unas determinadas ganancias. Supongamos también que una empresa Y de un país como otro-cualquiera que compra petróleo y vende gasolina, tiene unas determinadas ganancias. 

A más ventas en gasolina, más petróleo podrán comprar. Hasta aquí no traje ninguna novedad.

La cuestión es que, si el mercado es intactado y no hubo intervenciones, a igualdad de ventas de gasolina e igualdad de estructura empresarial, igual de número de Unidades Monetarias ganadas.

Responde correcto o incorrecto.


Como se dice en Rey Lear: <<Yo te enseñaré diferencias>>.


Vamos a ello.


La empresa X e Y, hemos convenido, han acumulado el mismo número de Unidades Monetarias.

Pero la empresa X del país el-que-sea es europea, mientras que la de Y del país otro-cualquiera es de la India de manera que cuando acuden con mismas Unidades Monetarias a comprar más materia prima: petróleo, se encuentran con que la empresa X puede comprar más petróleo pero no porque haya ganado más que Y y sea mejor empresa sino porque opera con una unidad Monetaria, el euro, que tiene más valor que el de Y, la rupia, pero porque las empresas del euro exportan más bienes y por tanto han logrado apreciar la moneda —para que X puede comprar más petroleo— mucho más de lo que las empresas indias hacen —luego Y, con una moneda depreciada, tiene que adquirir menos petróleo a igual Unidades Monetarias ganadas que X e incluso teniendo (como habíamos dicho) igual estructura de costes.


Tenemos un caso en donde X gana más que Y por la casilla de salida (en este caso) geopolítica.

Responde correcto o incorrecto.


Concluyentemente, en condiciones de mercado libre pero habiendo diferentes divisas, las empresas pueden ser beneficiadas de ciertas (llamémosle) plusvalías geopolíticas y esto no es una carencia de mercado libre, o sea, en un mercado libre que puede haber cierta path dependence que posibilita más prosperidad. 

Responde correcto o incorrecto.



¿Y puede la economía implosionarse por deshacerse de una "dependencia del camino"?


Supongamos ahora que la empresa X es de propiedad estatal pero perteneciente al país primero-que-te-CHINA-la-cabeza. En este caso, al no haber accionistas externos a la divisa como los del país el-primero-que-te-USA-la-cabeza, sucede que X ya no entra en un círculo vicioso. 


Es más, dado que X pertenece al gobierno del país primero-que-te-CHINA-la-cabeza, podemos decir que los accionistas de X no se llevan beneficios por plusvalías geopolíticas pues, aunque la compra de petróleo siga dependiendo de la capacidad exportadora de toda la industria de la zona a la que pertenece la divisa, esa plusvalía se puede repartir a la sociedad que generó esa apreciación de la moneda, la plusvalía geopolítica.


En este escenario de ahora de no libre mercado, resulta que X no estaría hundiendo su zona económica ni los agentes implicados estarían haciéndose con beneficios a base de actos económicos puramente entrópicos.


Responde correcto o incorrecto.


En resumen: Sí. La evolución de cualquier CAS, incluso partiendo de un proceso ciego, al cabo, genera sistemas que tienen un propósito funcional: mantenerse dentro del nicho de viabilidad que su propia historia evolutiva ha creado para ellos. 

La teleología --sin necesidad de hacerla partir de un origen antropomorfo--emerge como la consecuencia inevitable de una concatenación de trinquetes que impiden (o disuaden) el (letal) retroceso. 

El organismo es un libro de apuestas que ha ganado tanto que ya no puede permitirse perder una sola mano crucial.

La homeostasis es la estrategia para no jugarla.


Mises y Hayek creen que la "moneda" funcionando como punto de Schelling (un punto focal alrededor del cual se coordinan espontáneamente los individuos sin necesidad de un plan común) es suficiente para generar unorden complejo y resistente a la entropía (el "libro holandés" de la disipación).

Esto sólo funciona en verdad en Sistemas Adaptativos Complejos (CAS) "incomplejos" o de baja entropía relativa como una economía familiar (objetivos compartidos, alta confianza, información casi perfecta) o la coordinación entre extraños para un fin visiblemente obvio (encontrarse en un bar, elegir un estándar técnico, siempre que la "ganancia" de coordinarse es alta y el coste de no hacerlo, bajo).

Pero falla estrepitosamente en sistemas de alta complejidad y con una "ganancia neguentrópica pírrica" donde el coste del fracaso es la implosión sistémica (como un organismo o un imperio geoeconómico). 

La evidencia histórica es irrefutable: NINGUNA economía imperial o nacional compleja ha dejado jamás sus industrias estratégicas (armamento, energía, ciencia básica, infraestructuras críticas) al albur del mercado puro. 

La razón es precisamente que...la "apuesta" es demasiado alta.

Una sociedad moderna, industrial o imperial ha acumulado una complejidad tan enorme (infraestructuras, cadenas de suministro, conocimiento especializado) que depende que depende para su supervivencia de darle cuerpo y manutención a ciertos "rangos homeostáticos" (seguridad alimentaria, energética, militar).

Permitir que el mercado asigne todo sería como permitir que el azar decidiera la glucosa en sangre de un organismo: un riesgo de implosión inaceptable.

Y no es casualidad que las sociedades modernas tengan a su población actual con un desorbitado problema de obesidad, por ende metabólico.

El mercado, con su horizonte temporal corto y su lógica de profit & loss individual, está estructuralmente sesgado contra las inversiones con retornos inciertos o a muy largo plazo (I+D militar, ciencia básica, exploración espacial). Ninguna empresa privada asumiría sola el coste de un programa Apollo o de desarrollar la primera bomba atómica.

El Estado debe hacerlo porque el "beneficio" (supervivencia, hegemonía, avance tecnológico) del sistema en su conjunto.

La utopía miseana solo serviría para una tribu cazadora-recolectora.

Mises subestima grotescamente el papel de la teleología y la planificación en sistemas complejos que han cruzado un umbral de irreversibilidad ("efecto trinquete").

Es una filosofía económica para un mundo de baja complejidad sistémica, donde los agentes son autosuficientes y el colapso de uno no arrastraría a los demás. El mundo actual: industrial y globalizado es radicalmente diferente: es un sistema orgánico de alta interdependencia, donde la descoordinación o la falta de planificación en sectores críticos

conduce al desastre geopolítico o incluso ecológico.


En mi convicción, la planificación racional en sectores estratégicos no es una "distorsión" del mercado, antes bien, es la condición de posibilidad para que un sistema complejo pueda permitirse el lujo de tener un mercado en los sectores no críticos. Es el equivalente socioeconómico al sistema nervioso autónomo que mantiene el latido del corazón y la respiración sin consultar a la conciencia: una función no negociable para que el resto del "mercado" corporal pueda operar.


La cuestión que debo ahondar --bien me doy cuenta-- es, ¿por qué "trinquetes y dependencia del camino" y no "tocino y velocidad"?


Pues por lo mismo que aquella frase de Abraham Lincoln: <<Si me dieran una hora para cortar un árbol, pasaría 59 minutos afilando el hacha>>.

¿Y por qué 59 y no 63 minutos? Bueno, fácil: porque la premisa era una hora.

Es decir, los problemas no solo (a veces) tienen que tener una solución en tiempo polinómico si no que incluso ese tiempo tiene que darse en hacer en (por ejemplo) 60 minutos.

Esa disparidad de marco cronológico, donde todo tiene su espacio y su tiempo prefijado, es lo que obliga a los CAS a tener que desarrollar toda una modularidad jerárquica en términos de emergencia algorítmica. 

Hay trinquetes y hay dependencia del camino porque los problemas de la vida exigen tiempo y forma.

Un sistema que partiera de cero en cada generación, reevaluando todas las opciones posibles sin el lastre de decisiones pasadas, sería increíblemente lento y vulnerable. No podría afrontar problemas urgentes (un depredador, una sequía, una crisis energética). La dependencia del camino (path dependence) actúa como un atajo heurístico masivo. Significa: "En el pasado, esta solución funcionó para un problema similar. Nos aferramos a ella y la mejoramos incrementalmente, en lugar de empezar de nuevo". Esto reduce drásticamente el espacio de búsqueda de soluciones y acelera la respuesta.

El trinquete es el mecanismo que asegura que una solución adaptativa ganadora no se pierda por un capricho del azar o una fluctuación momentánea. Una vez que un organismo desarrolla un sistema nervioso central, "cerrar la tienda" y volver a ser una ameba no es una opción. El costo de recomenzar sería catastrófico. El trinquete bloquea las ganancias evolutivas y fuerza al sistema a buscar nuevas soluciones a partir de ese nuevo y más complejo punto de partida. Es el equivalente a Lincoln no dejando que el hacha se desafile mientras corta. Mantiene el progreso acumulado.

Para gestionar la complejidad bajo restricciones de tiempo, los sistemas no pueden ser redes planas donde todo está conectado con todo. 

La solución es la modularidad. 

Se desarrollarán subsistemas especializados (órganos, ministerios, sectores industriales) que resuelven problemas específicos de forma semi-autónoma. 

El hígado se ocupa de la detoxificación, el corazón de bombear sangre, el ministerio de energía de garantizar la red eléctrica.

Esto permite además la paralelización: muchos problemas se resuelven a la vez. La jerarquía (el sistema nervioso, el gobierno central) emerge entonces no para microgestionar cada módulo, sino para establecer las reglas del juego, asignar recursos entre módulos o resolver conflictos de prioridades cuando estos surgen. 

Su función es homeostática: mantener el conjunto del sistema dentro del "rango de viabilidad".


En resumen: La frase "59 minutos" de Lincoln no es casual. Representa la asignación óptima de un recurso escaso (tiempo) bajo presión por medio del uso de una función base matemática. 

A propósito, dice Ray Kurzweil en La singularidad está más cerca: Cuando nos fusionamos con la IA


Estas aciones simples del cerebelo, que rastrean los estímulos sensoriales y los traducen en movimientos musculares, equivaldrían a la idea matemática de una «función base»; y son lo que nos permite atrapar la bola sin resolver ninguna ecuación diferencial


En ese sentido se parecería al método mecánico de Arquímedes, el cual, combinaba geometría con estática, usando palancas y centros de gravedad para calcular áreas y volúmenes. Anticipó el cálculo integral al considerar infinitas secciones. Fue clave para hallar, por ejemplo, el área de un segmento parabólico.

Los sistemas biológicos y socioeconómicos complejos realizan una integración matemáticamente análogo: a menudo evitan la complejidad computacional Sub specie aeternitatis para a un tiempo mediarse en Lo Real con la emulación aproximada usando un conjunto de funciones base simples pero robustas. 

Esto nos acercaría a Hayek pero lo que éste olvida o despista es cómo la dependencia del camino y los trinquetes son lo que selecciona y perfecciona este repertorio de funciones base a lo largo del tiempo. Son la identidad metódica por la cual un sistema con recursos finitos (tiempo, energía, poder computacional) se encuentra a sí mismo y encuentra para sí mismo soluciones "suficientemente buenas" en tiempo y forma, además de robustas, a problemas que son matemáticamente intratables si se abordan de forma bruta.


Pero, ¡ojo!, la modularidad jerárquica no es solo una forma de organizar las partes: es la arquitectura necesaria para generar abstracción y contextualización, permitiendo que el sistema identifique y movilice el plano correcto de respuesta.

Hay que mencionar aquí la anamnesis (la reminiscencia o recuerdo platónico). No se trataría de un acceso aleatorio a datos, sino de una recuperación contextualmente guiada: el sistema "recuerda" qué tipo de solución se aplicó a un problema análogo en el pasado. 


Esto, y contra el pensar de los enactistas, requiere un qué, dónde y cuándo, cómo:


Abstracción (El "Qué"): La capacidad de discernir la naturaleza esencial de un problema más allá de sus detalles sensoriales inmediatos. ¿Es esto una amenaza a la integridad física? ¿Una oportunidad metabólica? ¿Una crisis de coordinación logística? ¿Una fluctuación de mercado irrelevante? Esta clasificación abstracta de alto nivel es el primer y más vital paso.

Contextualización (El "Dónde" y "Cuándo): La capacidad de situar el problema abstracto dentro de la jerarquía operativa del sistema. ¿Qué módulo, en qué nivel de la jerarquía, está equipado para manejar este tipo de problema? En suma, granularidad.

Un nivel bajo de glucosa activa el módulo "páncreas" y su función base "liberar glucagón" sin necesidad de activar el módulo "corteza prefrontal" para que intente calcular la dosis óptima.

Una crisis energética nacional debe activar el módulo "planificación estatal estratégica", no (solo) el módulo "mercado de futuros del petróleo".


La Anamnesis del Sistema (El "Cómo"): Esto es lo que distingue a Nous sistema inteligente de una mera carabela a la deriva. Es la memoria sistémica incorporada en su propia estructura modular. El sistema "recuerda" cómo resolver el problema porque su arquitectura es la cristalización de las soluciones pasadas que funcionaron (el efecto trinquete en acción).

La existencia de un Ministerio de Defensa es el "recuerdo" de la sociedad de que la seguridad territorial es un problema abstracto que requiere un módulo especializado, no delegable al mercado.

La presencia de un sistema inmune es el "recuerdo" evolutivo de que los patógenos son una categoría abstracta de amenaza que requiere una respuesta coordinada y predefinida.


En conclusión: la modularidad jerárquica no CASea por sí sola. Debe estar al servicio de una capacidad de abstracción contextual —una forma de anamnesis sistémica— que permita al sistema discernir no solo cómo resolver un problema, sino qué tipo de problema es y de dónde y cuándo los recursos de su vasto repertorio modular debe abordarlo. Esto es lo que convierte a un conjunto de partes interactuantes en un verdadero Sistema con mayúsculas e identidad, vale decir, con un telos que lo guía y (re)pone más allá de la mera reacción inmediata.


Aquí la diferencia entre una colonia y un organismo, entre simple mercado y una nación y un simple mercado, entre un engranaje en idéntico bucle y tú.


Por supuesto, lo que muchos consideran, con Hayek a la cabeza, es que podrían darme por válido lo razonado por mí hasta aquí a favor de la planificación racional frente a la enactista y teleonómica pero que es peor el remedio que la enfermedad: el principio precautorio de la no intervención en los mercados dado que muchas veces somos ciegos a las consecuencias finales o colaterales de nuestras acciones.


¿Pero confiar en la no intervención como una caso en el que no hacer nada y dejar hacer, significa NO tomar partido por --o influir en-- el curso de los acontecimientos?

La no intervención es fruto del agnoticismo de no poder adivinar cuál es el mejor y más eficiente curso de acción. También es una NO toma de postura: Al no hacer nada, no se empuja a la sociedad por un cruce u otro y no se cae en la Fatal Arrogancia, argumentarán los librecapitalistas.


Sin embargo, no tomar partido implica ya tomar partido. 

Me explico.

Tengo a la vista a un tranvía a punto de arrollar a tres sujetos X, Y y Z y puedo simplemente manipulando el cambio de agujas moverle al tranvía de su carril solo que, ahora, en esa vía tengo a un sujeto A. 

Tenemos entonces que si no hago nada o bien dejo la decisión de hacer o no hacer algo al albur de una moneda tirada al azar, implícitamente, estoy valuando la vida de X, Y y Z (tres personas) equivalente a la de A (una sola persona). 


Como sea que sea: estoy siempre tomando una decisión moral. 

Haga o no haga. 


Igualmente, y trasladado a la economía, si yo, por incentivos fiscales, riego o seco unas determinadas a actividades industriales, por imaginar: proponiendo que las empresas X,Yy Z de la actividad industrial 1 tengan los mismos incentivos que la sola empresa A de la actividad industrial 2, igualmente haga como haga el diseño fiscal: bien sea promoviendo ciertas actividades industriales mediante rebajas de impuestos, bien sea que a todas les pongo los mismos impuestos, bien sea que a ninguna le impongo impuestos, entonces, repito, igualmente estoy siempre tomando decisiones sobre el transcurso de la economía y bajo ningún modo me libro de influir en ella según actúe o deje de actuar.

Quiero recalcar.

Como sea que hagas tu diseño fiscal (incluso en el supuesto de que éste sea que no hay impuestos) ya estás alterando la economía e implícitamente estableciendo equivalencias morales. 

En el dilema del tranvía, no había una actuación mínima de carácter moral. Había una actuación mínima, sí, el no hacer nada pero eso ya implicaba una decisión moral, es decir, establecer una equivalencia moral, a saber, que X,Y y Z tienen una vida igual a la de A. 

O incluso si tirase una moneda, ya estaría estableciendo una decisión moral: que X,Y y Z merecen vivir tanto como A.


En total: Puedo evitar actuar. Puede minimizar mi actuación. Pero no puedo evitar establecer equivalencias y diferencias morales sobre la valuabilidad de los diferentes cursos de acción. En lo que se refiere a moral, siempre actúo, aunque no haga nada.


En economía talmente pasa: si yo hago, deshago, no hago, dará igual, moralmente habré establecido equivalencias (o diferencias) entre los diferentes cursos de evolución socioeconomica y no me habré librado de tomar partido. 

La Fatal Arrogancia, que decíamos, aquí también. 

Aquí y siempre.


Igualmente si no podemos predecir qué consecuencias tiene nuestras acciones intervencionistas dada la complejidad de los sistemas complejos, tampoco, y por definición, dada la complejidad de los sistemas complejos, podemos predecir qué consecuencias tienen nuestras inacciones. El argumento de la Fatal Arrogancia quiere hacer una excepción para las no-acciones pero olvida que los sistemas complejos no dejan de ser complejos, e imprevisibles por el hecho de que no actuemos en ellos ergo su principio precautorio es inconsistente pues no aborda todos los escenarios.

Ahora bien, sabemos que no actuar tiene —como toda (in)acción — consecuencias morales puesto que siempre estamos tomando partido moral por cualquier curso de acción con independencia de que nuestra acción sea ésta, aquella otra o incluso ninguna: siempre tomamos partido.

Por lo tanto, cuando Hayek afirma que debemos evitar caer en La Fatal Arrogancia, se equivoca al pretender que existe (y conoce en su fatal arrogancia) una posición a priori —la de no actuar— en donde las consecuencias de sus no-actos sean predecibles y moralmente menos riesgosas que cualquier otro curso de acción siempre y en todo momento. 


En aforismo: El principio de la "Fatal Arrogancia" principia, en sí mismo, una arrogancia fatal. 


Nos condena a la parálisis mientras idolatra el statu quo caracterizándolo de orden natural y espontáneo, cuando en realidad emergió resultado acumulado de innumerables intervenciones pasadas y concurrentes. La verdadera racionalidad consiste en reconocer cómo estamos siempre, inevitablemente, dentro del tranvía, manejando los mandos, aunque solo sea para decidir no tocarlos. 


Y esa es una decisión que debemos asumir con toda su carga moral.


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