Metaexplicación
Imagina a un hombre con un ojo morado caminando por la calle. Imagina que se encuentra con un amigo. Imagina que, luego los rituales fácticos de rigor, es preguntado por su moratón.
El hombre responde que fue con un cenicero. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que con un cenicero se hiciera tal cosa.
El hombre responde que el cenicero le hizo este moratón porque su mujer se lo tiró. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que su esposa le hiciera tal cosa.
El hombre responderá entonces que se cabreó porque llegó demasiado tarde de una noche de juerga. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que su esposa siempre tan calmada se pusiera aún así de tal guisa.
El hombre responderá entonces que desde que está embarazada tiene desequilibrios hormonales. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que una persona aún embarazada puede tener tales desequilibrios hormonales.
Dejemos de imaginar esta improbable escena pues la conjunción de la seca parquedad del hombre con la viscosa curiosidad del amigo seguramente acabará por dar lugar a una conversación que se alargue ad infinitum.
Lo interesante sería averiguar si se pueden referir los hechos de un modo tal que a no dudar se deba considerar objetivamente una explicación y terminar de veras este diálogo.
Lo que Humberto Maturana comenta al respecto es que no, que el criterio de validación de una explicación, lo que consideramos como una explicación válida de una experiencia, es algo que subjetivamente consideramos como tal.
No faltará el lector que, en un ingenioso ejercicio de esgrima dialéctica, rechace desde su subjetivo parecer mi explicación de la explicación. Espero que entienda también que lo que le explico no es mi idea de una explicación sino que sin más le niego naturaleza impositiva a cualquiera de las suyas. ¿Me explico?
El hombre responde que fue con un cenicero. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que con un cenicero se hiciera tal cosa.
El hombre responde que el cenicero le hizo este moratón porque su mujer se lo tiró. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que su esposa le hiciera tal cosa.
El hombre responderá entonces que se cabreó porque llegó demasiado tarde de una noche de juerga. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que su esposa siempre tan calmada se pusiera aún así de tal guisa.
El hombre responderá entonces que desde que está embarazada tiene desequilibrios hormonales. Pero el amigo no consigue explicarse cómo sucedió aquello por lo que prosigue en sus indagaciones preguntando cómo fue que una persona aún embarazada puede tener tales desequilibrios hormonales.
Dejemos de imaginar esta improbable escena pues la conjunción de la seca parquedad del hombre con la viscosa curiosidad del amigo seguramente acabará por dar lugar a una conversación que se alargue ad infinitum.
Lo interesante sería averiguar si se pueden referir los hechos de un modo tal que a no dudar se deba considerar objetivamente una explicación y terminar de veras este diálogo.
Lo que Humberto Maturana comenta al respecto es que no, que el criterio de validación de una explicación, lo que consideramos como una explicación válida de una experiencia, es algo que subjetivamente consideramos como tal.
No faltará el lector que, en un ingenioso ejercicio de esgrima dialéctica, rechace desde su subjetivo parecer mi explicación de la explicación. Espero que entienda también que lo que le explico no es mi idea de una explicación sino que sin más le niego naturaleza impositiva a cualquiera de las suyas. ¿Me explico?
Comentarios
En mi humilde opinión, no. En todo lo que nos satisface o en todo lo que nos parece autoevidente, hay una elección o un conformismo. Trilema de Münchhausen. Paramos en nuestra indagación porque hemos entrado en un círculo, o porque sencillamente nos cansamos y arbitrariamente paramos.
Eso si he entendido bien la pregunta, claro :)
Si es verdad lo de los estados anímicos por culpa hormonal. Mira el caracter de una oficinista cuando está de mes. Y los hombres en la andropausia.
Un saludo con cariño.
No sólo has entendido la pregunta sino que me has coincidido en la respuesta.
De lo que no tenía noticia era del
Trilema de Munchausen. ¡Qué bien está!
La costarricense,
Bueno lo de los cambios hormonales era una ocurrencia que redundaría en lo inequívoca que sería una explicación que tirase de esa idea pues muchas tienen la regla pero pocas, afortunadamente, lanzan ceniceros.
En cualquier caso, me alegro que te hay parecido amena la (meta)explicación
" se hablaba de la sujeción del mundo sobre una plataforma que a su vez se sustentaba sobre un elefante que a su vez era soportado por una tortuga; ante la insistencia de un investigador lleno de curiosidad por saber qué había tras esa tortuga, el informante respondía que otra, y la insidiosa pregunta
“¿y tras ésta?”, recibió como concluyente respuesta: “Señor, después todo son tortugas” (cf. Geertz, 1973, 28-29)".
“Hay un concepto que es el corruptor y el desatinador de los otros. No
hablo del Mal cuyo limitado imperio es la ética; hablo del infinito”
Saludos Klepsidra7 ;-)