sábado, 9 de mayo de 2009

Gagavai

Ciertamente resulta intrigante la relación entre las matemáticas y la Naturaleza.

No obstante, no se debiera olvidar que no es más que un lenguaje -tal vez el más potente- con el que traducir los fenómenos de la naturaleza a conceptos entendibles para nosotros y que por tanto incluirá la misma incertidumbre inherente a cualquier proceso de traducción.

Umberto Eco en su libro A paso de cangrejo, pág.89:

Es famosa la historia de gagavai que nos cuenta Quine, de la que voya a dar una versión libre.

Un explorador que no sabe nada de la lengua indígena le señala al nativo un conejo que cruza por la hierba, y este reacciona exclamando gagavai. ¿Quiere decir que tal vez para el nativo gagavai significa "conejo"? No se sabe, podría significar animal o conejo que corre. No está mal, se vuelve a hacer la prueba mientras pasa un perro, o cuando el conejo está parado. ¿Y si el nativo hubiese querido decir con gagavai que está viendo cómo la hierba se agita al paso de un animal? ¿O que ante sus ojos se estaba produciendo un hecho espaciotemporal? ¿O que le gustaban los conejos?

Moraleja: el explorador sólo puede plantear hipótesis y elaborar su propio manual de traducción, que quizá no es mejor que otro (lo importante es que tenga cierta coherencia)

De modo que el buen ilustrado cuestionará cualquier posible manual de traducción, pero no podrá negar que el indígena dijo gavagai, y que no lo dijo mirando al cielo, sino precisamente mientras dirigía la vista al espacio donde al explorador le pareció ver un conejo

Cabe una posibilidad más que Eco no contempla y es que la palabra gagavai no sea transcribible en ninguna palabra del lenguaje del explorador pero es la creencia de éste de que tal hecho no es cierto lo que le anima a seguir creando y perfeccionando un manual de traducción de cuestionable exactitud, de indudable utilidad.

16 comentarios:

Hugo dijo...

Una cita que le viene a mi post como anillo al dedo jeje. Y muy necesaria. Es el matiz que le hacía falta, gracias. Ya, dirás que no hay de qué pero yo las doy de todos modos :P

Un saludo.

Anónimo dijo...

Precisamente la que Eco no contempla es la más inquietante de las opciones. Entiendo que el "explorador" no pueda evitar perseguir la comprensión de algo, aunque su fundamento mismo esté viciado; lo que no entiendo es que pueda alcanzar algún resultado válido si la premisa misma sobre la que se basa -la posibilidad de la traducción- es errónea. ¿En qué sentido, entonces, es "útil"?

Héctor Meda dijo...

Hugo,

De nada :-P

Por cierto, al citar un post tuyo en este post y al citar en ese post tuyo a este he conseguido un bonito y escheriano ejemplo de recursividad cruzada o indirecta XDD

Lautréamont,

Bueno la utilidad devendría por el hecho de que existiera comunicación aunque fuera imperfecta; pensemos que yo no puedo entender plenamente, pongamos, el ruso de Tolstoi pues pueden existir palabras en su idioma cuyo campo connotativo no sea transferible a una palabra del mío pero puedo leer Guerra y Paz y saber al menos que trata sobre la Rusia en la época napeolónica.

Precisamente cualquier acto traductor descansa en el convencimiento de que no es posible una transcripción exacta por eso la tradución es un arte, por eso traducir es traicionar pero también es un acto útil.

En ese sentido el libro de la Naturaleza no es muy diferente al resto de libros.

Anónimo dijo...

Entonces lo que no es posible es la traducción exacta, pero sí algún tipo de traducción. Pero, ¿y si "gavagai" fuese una expresión sin significado alguno? Pensaba que a eso se refería el post; por eso he tildado la hipótesis de inquietante: porque el explorador estaría basando su trabajo en el absurdo. ¿Es acaso imposible que el científico esté estudiando aleatorios gritos -¡"gavagai"!- creyendo que tienen un sentido -que él ignora-, pero del cual en realidad carece?

Hugo dijo...

¡Magnífico!, ya tengo un concepto nuevo para fardar hoy domingo :P

"Para saber qué es la recurrencia, primero hay que saber qué es la recurrencia."

Saludos.

José Luis Ferreira dijo...

Sin duda podemos poner ejemplos miles de errores o engaños de traducción (Cuando se entere Bwana que Bwana quiere decir Gilipollas...).

El problema de la traducción de un idioma a otro (o de la realidad a un modelo) tiene, evidentemente estos problemas.

En el caso del explorador y del nativo, en que ninguno sabe una sola palabra de la lengua del otro. Será casi imposible saber lo que significan las primeras expresiones que se crucen, por mucho que gesticulen y muevan los brazos. Será cuando se hayan intercambiado unas cuantas y cuando cada uno empiece a ver coherencia en su interpretación de lo que dice el otro cuando empiecen a aprender la otra lengua.

Dicho de otra manera, si es difícil saber lo que significa gagavai al principio, resultará, en cambio, difícil que un discurso que entiendo coherentemente signifique algo muy distinto de lo que realmente significa. Si me cuenta en nativo una historia y la voy entendiendo como una cacería que tuvieron hace una semana en la que pasó tal y tal, difícilmente estaré cometiendo el grave error de no entender que, en realidad me está contando sus opiniones sobre la política de Bush.

Héctor Meda dijo...

Lautréamont,

No sé si nos entendemos. Me refiero a si estamos traduciendo la parábola de Eco al mismo lenguaje o marco especulativo.

Dices:
¿Es acaso imposible que el científico esté estudiando aleatorios gritos -¡"gavagai"!- creyendo que tienen un sentido -que él ignora-, pero del cual en realidad carece? .

Si lo que estás planteando es una hipótesis antropológica entonces más que inquietante ésta, de ser cierta, es cómica. En cualquier caso será posible.

Ahora bien, si el marco especulativo en el que estamos debatiendo es el de la ontología del universo en donde se busca averigüar de qué forma traducimos el lenguaje de la naturaleza al lenguaje de las matemáticas entonces la hipótesis que planteas no es inquietante, ¡es nihilista! pero precisamente el encanto de esta parábola es que borra tal posibilidad porque el hecho de que haya una suerte de comunicación entre el explorador/científico y el indígena/naturaleza demuestra que en este hay un proceso semántico/ontología detrás de cada palabra/fenómeno natural de lo contrario para el explorador no sería posible plantear hipótesis y elaborar su propio manual de traducción, vamos, hacer ciencia.

De hecho, el último párrafo de Eco viene a negar esa interpretación nihilista al decir que el buen ilustrado cuestionará cualquier posible manual de traducción, pero no podrá negar que el indígena dijo gavagai, y que no lo dijo mirando al cielo, sino precisamente mientras dirigía la vista al espacio donde al explorador le pareció ver un conejo.

Hay un límite para el relativismo epistémico. No todo es cierto porque nada lo es y es que lo que planteas no solo lo he contemplado yo sino incluso Eco y ambos lo rechazamos por el mero hecho de que existe comunicación, siguiendo mi analogía, por el hecho de que la ciencia funciona, ¿no?.

Por cierto, lo mismo le vine a decir algunos días atrás a Sierra en un comentario a propósito de la explicabilidad del mundo: que por fuerza ha de existir, otro item es que sea humanamente cognoscible pero lo que no es de recibo es creer que no hay tal significado cuando existe comunicación.

Veo que una vez más se da el caso de que el lector lee más o mejor que el escritor. Yo buscaba, ciertamente, una hipótesis inquietante y consideraba y considero que la mía es lo más inquietante que puede ser la hipótesis sin que resulte falsa...aunque tal vez me equivoque, claro.

p.d: Curiosamente en su momento esbozé una suerte de teodicea en donde defendía la inacción de Dios en base precisamente a hacer del mundo un lugar natural, esto es, inteligible y por tanto habitable.

Hugo,

Ten cuidado. Sé de un amigo que pronunció esa palabra en alto en una cena de la cuadrilla y de repente, el silencio, el asombro, el juicio sumarísimo: "Eres un puto friki informático, macho"

Advertido estás, por lo tanto, de las consecuencias socilaes provinientes de un uso inadecuado de la palabra "recursividad"

José Luis,

Totalmente de acuerdo. Lanzar hipótesis y validarlas, no hay otra forma de construir un manual de traducción y aún así nunca estar seguros de que sea mejor que otro.

Juan Antonio dijo...

Sobre el asunto de la "traducción radical" (que es lo que propone discutir Quine) es conveniente leer lo que su principal discípulo (y, como buen discípulo, muy heterodoxo), o sea, Donald Davidson, escribió (por ejemplo, en algunos de sus ensayos en "De la Verdad y la Interpretación"), sustituyendo ligera pero sustancialmente el asunto, de "traducción radical" a "Interpretación radical". Davidson, de acuerdo con Hector y Umberto, cree que no tiene sentido poner en duda absoluta la posibilidad de traducción: cualquier duda se hace sobre un trasfondo de verdad presupuesta. Pero Davidson defiende que, en el acto de interpretación (de otra lengua o de la mía, porque como dice Quine, este experimento mental no se refiere sólo a la traducción entre lenguas, sino al significado de los términos, ya que yo puedo traducir del castellano al selvanés, y de éste, otra vez, al castellano) hay que tener en cuenta (tenerlo lógicamente en cuenta, se entiende) el principio de Caridad heremeneútica. Es decir, es un principio de toda interpretación (de toda consideración de un texto -incluído el libro de la Naturaleza-) buscar la máxima significatividad posible de acuerdo con los hechos.

Ahora bien, a mí, en los tiempos en que leía con esmero a Quine y Davidson, se me ocurrió que el supuesto de Quine (ir a interpretar a un selvanés o habitante de la selva) no era suficientemente iluminador, porque, por más que haya grandes diferencias entre el selvanés y nosotros, aún habrá demasiadas semejanzas, irrelevantes para la cuestión de la inteligibilidad. Entonces se me ocurrió ampliar de la siguiente forma (nada original) el supuesto. Supongamos que viajamos (por teletransportación, por ejemplo) a un lugar donde existen seres con cualidades muy diferentes a las nuestras. No hay seres ni antropomórficos ni siquiera zoomórficos, pero vamos con la hipótesis de que algunos de ellos son inteligentes y se comunican. ¿Qué rasgos buscaríamos en su conducta para interpretar que son significativos, y cómo lograríamos comunicarnos con ellos? Aquí el tan amado (para el empirista) uso de deícticos deja de ser útil. Ni siquiera podríamos decir que los extraterrestres esos tienen dedos o algo dactiliforme que señala a cosas coniliformes. ¿Qué diríais que deberíamos hacer?

Saludos, Héctor. Es la primera vez que participo en tu blog, pero a menudo lo ojeo y en general me parece muy interesante lo que escribes.

Juan Antonio dijo...

Héctor,

Efectivamente, si esos extraterrestres partiesen de esa hipótesis sería imposible comunicarnos con ellos. Lo que pasa es que es muy difícil, si no imposible, entender cómo sería esa civilización. Se trataría, ahí, de campos de inteligibilidad inconmensurables, análogamente a como ocurre con los conos de luz.

Por otra parte el principio de caridad heremeneútica no significa tanto como que todo tenga que resultarnos inteligible (aunque yo sí creo esto), sino simplemente que algo tiene que ser inteligible, y que para llegar a ello tenemos que presuponer la mayor inteligibilidad (claro que desde nuestros patrones).

Por tanto la interpretabilidad no excluye el azar, aunque lo limita a ciertas áreas tenebrosas, singularidades donde nuestra capacidad de intelección colapsa.

Otra cosa es que nosotros debamos, al menos como postulado heurístico, funcionar suponiendo que la inteligibilidad es absoluta, aunque esto sólo sería así para una mente también absoluta. El azar parece inherente a ciertas formas matemáticas que, además, se aplican con cierto éxito a ciertos fenómenos. Pero hay que tener en cuenta dos cosas:

-Esos mismos fenómenos podrían ser explicables mediante otros recursos matemáticos no azarísticos.

-La propia matemática es incompleta, también en el sentido de que lo que hoy aparece como indeterminación en la propia matemática, sea mañana reducida a alguna forma matemática más potente y determinista (algo análogo a lo que las variables ocultas harían con la física).

Hay un fuerte prejuicio, no justificado, evidentemente, a considerar como definitivas ciertas adquisiciones científicas.

Yo, por otro lado, y respecto del lenguaje teológico, no diría que Dios firma con pseudónimo, sino que nosotros no somos capaces de descubrir en qué modo Dios, como se decía, geometriza perfectamente.

Héctor Meda dijo...

Humm, no tendrían por qué ser los extraterrestres incomensurables sino "más listos" porque ellos verían como ordenado lo que nosotros veríamos como azar pero además podrían desde sus matemáticas entender las nuestras.

Eso sí, en tal caso es difícil que no nos vieran sino como a perros: enternecedores por sobre todo por nuestras creencias religiosas, pero, en última instancia, bastante tontitos.

Del resto que has dicho lo suscribo todo -salvo la creencia en que todo nos sea inteligible- y si crees que me has contradecido en algo...entonces es que me he explicado mal :-(

Saludos

Juan Antonio dijo...

Hector,
tienes razón, serían más listos, y nos verían como perros o algo así. Aunque, precisamente por eso, sabrían cómo rebajar sus exigencias matemáticas para comunicarse con nosotros hasta donde nosotros somos capaces.

En cuanto al resto, no creía que estuviesemos en desacuerdo.

José Luis Ferreira dijo...

Si me dejáis inmiscuirme, hablando de extraterrestres, no creo que, si son muy superiores, nos vieran como nosotros a los perros, más bien como nosotros a los que tienen el síndrome de Down o algo así. (Espero que no se me entienda aquí nada peyorativo.)

Otro ejemplo interesante es el que plantea Stanislav Lem en su libro Polaris. Un mundo océano que parece que nos sabe inteligentes y unos seres humanos que parece que reconocen la inteligencia en el mundo océano, pero son incapaces de encontrar cómo empezar a comunicarse debido a las disparidades tan grandes en todo lo que les hace ser a cada uno,

Héctor Meda dijo...

¡Claro! que puedes inmiscuirte José Luis, sólo faltaría ;-)

He estado pensando un buen rato con qué querías decir con analogarnos con gente con síndrome de down (a ojos de un extraterrestre se entiende, ¿no?), supongo que lo que quieres decir es que nos verían como a un igual aún siendo nuestros atributos intelectuales inferiores.

Es por ello que, a diferncia de con un perro, nosotros podríamos comer en su mesa y no seríamos llevados a sus casas y capados y etc.

Ahora bien, no sé si te has dado cuenta, Jose Luis pero acabas de darle otra vuelta de tuerca a la historia y llevarla a la dimensión ética

¿Qué razones tendríamos para pensar que no nos matarían/esclavizarían/etc. dado que desde su manifiesta superioridad tal empresa les resultaría trivial de realizar?

A mi juicio, sólo desde la creencia en un determinismo biológico configurador de nuestras posturas morales se puede argumentar que nos tratarían como seres con síndrome de Down y no como con cucarachas a erradicar.

Por cierto, leí Solaris en un momento de mi vida en que leía ciencia ficción del mismo nivel de complejidad que un tebeo. Claro aquello era literatura seria y sólo recurdo que no entendí nada :-(

Es hora, supongo, de que vuelva a leerlo como Dios manda ahora que ya he madurado un poco

José Luis Ferreira dijo...

Tienes razón que no sabemos si nos sentarían a la mesa o nos esclavizarían. Nuestra sociedad, a las personas con síndrome de Down a veces las han escondido con vergüenza y, sólo recientemente, las vemos como las personas que son, con algunas dificultades cognitivas (muy variable entre individuos) y con muchos sentimientos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aunque luego hablas del lenguaje, me interesa la relación de las matemáticas con la realidad. Jay Gould cita a un evolucionista (cuyo nombre no recuerdo) que acabó diciendo que Platón tenía razón. Por ejemplo, cuando las abejas lograron dar con las celdas hexagonales de sus colmenas, resolvieron del modo más simple el complejo problema del aprovechamiento del espacio y del calor. Según eso, las matemáticas serían más que un lenguaje. Un abrazo.

Héctor Meda dijo...

José,

Lo que sí está claro es que si no hay comunicación entonces el extraterrestre es varelse y será más difícil la con-vivencia.

Jesús,

Desde luego la mayoría de los matemáticos creen en el platonimos así que no está demostrada su falsedad.

Es obvio que, nosotros, los exploradores usamos las matemáticas y si el indígena cuando dice gagavai está usando las matemáticas también entonces es obvio que estas son más que lenguje, son la sustancia misma de lo que está hecho la realidad.

Esto me recuerda al mito del Nomoteta y la intriga de saber qué alcance ontológico tiene el bautizo de Adán a las cosas y animales.

A mi como me parece demasiado poder, no sé...

Saludos