miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sobre Malthus

[La teoría propuesta de John Tooby, William Hamilton y otros sobre por qué existe el sexo es que] Desde el punto de vista de los gérmenes, somos como enormes y deliciosos de montones de pastel de queso a punto para comer. Nuestro cuerpo, en cambio, tiene una perspectiva distinta y ha desarrollado toda una batería de defensas, desde la piel hasta el sistema inmunitario, a fin de mantenerlos, según interese, fuera o dejarlos entrar. Toda una carrera evolutiva de armamentos se desarrolla entre anfitriones y agentes patógenos, aunque cabría establecer una mejor analogía diciendo que se trata de una lucha entre cerrajeros y ladrones de ganzúa. Los gérmenes son diminutos organismos que asaltan la maquinaria de células y desarrollan ardides diabólicos para infiltrarse y apoderarse de la mejor parte de las materias primas, al tiempo que se hacen pasar por tejidos propios del cuerpo para eludir así la vigilancia del sistema inmunitario. El organismo responde con sistemas de seguridad mejores, pero los gérmenes cuentan con una ventaja incorporada en sus organismos: hay muchos más y se pueden reproducir millones de veces más aprisa, lo cual les permite evolucionar más rápido. En lo que dura la vida del organismo que han tomado como anfitrión, los gérmenes pueden evolucionar de forma sustancial. Sean cuales sean las cerraduras que el curpo haya desarrollado, los agentes patógenos pueden desarrollar a su vez las ganzúas que las abran.

Ahora bien, si un organismo es asexuado, una vez que los agentes patógenos han roto la seguridad de su cuerpo también ha conseguido desbaratar la seguridad de su cuerpo también han conseguido desbaratar la seguridad de sus hijos y hermanos. La reproducción sexual es un modo de cambiar los cerrojos de una vez cada generación. Al intercambiar la mitad de los genes por una mitad diferente, un organismo da a su descendencia una posición delantera en la línea de salida de la carrera contra los gérmenes locales. Sus cerraduras moleculares tiene una combinación diferente de códigos de acceso personalizado, de modo que los gérmenes tienen que empezar a desarrollar nuevas llaves partiendo de cero. Un agente patógeno maligno es la única cosa en el mundo que compensa el hecho de cambiar por cambiar.

Página 592, del libro Cómo funciona la mente, de Steven Pinker.

[En resumen,] El patrón general de la historia -concretamente, las diferencias entre las sociedades humanas en los distintos continentes- me parece a mí que puede atribuirse a las diferencias medioambientales entre unos continentes y otros, y no a diferencias biológicas entre las personas en sí. La disponibilidad de especies vegetales y animales salvajes que fueran aptas para la domesticación, y la facilidad con que esas especies pudieron extenderse sin encontrar climas inadecuados tuvo un papel decisivo en el diverso ritmo de aparición de la agricultura y la ganadería; aparición que, a su vez, contribuyó decisivamente al incremento en número de la población humana, de la densidad de población, y a los excedentes de alimentos; hechos todos ellos que, asimismo, influyeron de un modo crucial en el desarrollo de las enfermedades infecciosas, en la escritura, la tecnología y organización política. Además, la historia de Tasmania y de Australia nos advierte de que las áreas diferenciadas y el aislamiento de los continentes, al determinar el que existan o no sociedades en competencia y el número de éstas, puede haber sido otro importante factor en el desarrollo humano.

Jared Diamond en un artículo titulado "Nueva síntesis científica de la historia de la humanidad"

3 comentarios:

Chofer fantasma dijo...

Les pasa a los animales. Tenemos bacterias dentro nuestro sin las cuales no podríamos comer nuestros alimentos ni defendernos de algunos de nuestros gérmenes dañinos.
Se estima que las bacterias dentro nuestro superan el número de nuestra células.
Y les pasa a los vegetales: en las raíces de muchos vegetales complejos (arboles, matas, pastos) hay una enorme cantidad de bacterias y hongos, sin las cuales no podrían comer o protegerse de patógenos.
Tal es así, que hablar de "un hombre" ó "un pino" es casi un abuso de metáfora, ya que somos una constelación de seres.
Por lo tanto somos otro, desde el punto de vista de los gérmenes, casi siempre.
Ni que hablar que dos gemelos pueden haber desarrollado protecciones diferentes a agentes patógenos.
Por lo tanto, al divertido efecto de que haya más de un género me parece que hay que buscarlo por otro lado.

Sierra dijo...

No creo que haga falta encontrar una razón para la diferenciación sexual. Ciertamente se trata de una ventaja, porque permite a animales grandes —que tienen, por tanto, un largo proceso de desarrollo altamente costoso desde un punto de vista energético— evolucionar más rápido. Para protegerse de gérmenes, claro, pero también de otros animales, de cambios climáticos, etc. Y aunque no hubiese nada de qué protegerse, evolucionar rápido es una ventaja como se lo mire, porque permite adaptarse a más medioambientes diferentes.

. . .

Otra cosa me llama la atención. Comparar la evolución con una carrera armamentística tiene sus ventajas obvias; sin embargo, me parece que hay una importante diferencia que esta analogía no cubre. Una carrera armamentística es, desde el punto de vista de la teoría de juegos, una situación pierde-pierde: ambos bandos gastan recursos en algo que no permite generar más recursos, acabando potencialmente en la destrucción mutua asegurada.

La evolución, en cambio, no es un callejón sin salida. En el proceso de adaptación y contra-adaptación hay también progreso. Y no quiero entender aquí progreso como si el resultado inevitable de la evolución fuese producir inteligencia, que no; sino que mediante esta dialéctica evolutiva se garantiza que haya más diferenciación entre especies, más diversidad, con lo cual se garantiza el éxito para alguna de las especies resultantes.

Héctor Meda dijo...

Chofer fantasma,

De repente se me hizo la imagen de ecosistemas dentro de ecosistemas dentro de ecosistemas a la manera de matriushkas

Sierra,

Efectivamente, a la metáfora armamentística más vale darle valor de chispazo que de antorcha con la que seguir todo el camino