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Fin de partida

Después de -curiosamente- otras ciento veinte entradas, llega otra vez el final de partida de curso blogosgérico. La verdad es que la última serie de entradas me hacen sentir como alguien que comete fraude porque sé que el público que tengo quiere filosofía hard y nada de diletantes ficciones así que he decidido permitir la desanexión antes que la abscésis acabe siendo tumefacta. He aquí un nuevo blog: Sequenzas que nace por lo menos por dos razones: 1) Para dar cabida a una serie de anotaciones literarias, estéticas, diletantes, en suma, esótericas y 2) porque la naturaleza de este nuevo blog me hará imposible el a veces vertiginoso ritmo de publicación que llevaba en éste y con ello podré tal vez dar menos espacio vital a un marginal y del todo virtual espacio de reflexión que tiempo ha se me antojaba estéril y repetitivo.

extraños parecidos

...y entra en pregonera estampida hablando por el móvil, simple excusa, me temo, para llamar la atención y, efectivamente, importuna a un cliente sentado en un mesa pero porque sólo quiero, mi vida, dejar las bolsas de la compra aquí, nada más, y para cuando ha entrado gritando en el wáter, rozándome y pegándome en ese roce, yo ya estoy asqueado de su estresante presencia, la de ella y la de todas esas cotorras parlantes incapaces de sumergirse entre la gente sin perturbar el anestesiante fluir dócil de mis zozobras y, bueno, no tardará ni medio minuto en, a la vuelta de los servicios, importunar a otro cliente, sentándose en donde un viejo incapacitado, tartamudo por lo que se le oye en su conversación con ella, que es a viva voz, y que tiene otras taras de inválido por todo acompañante, peaje, al parecer, de una trombosis justito superada y hete aquí, que la pava no ha ganado menos debes al destino, claro, y resulta que también muy sufrida, sí, que viuda, se escucha, que su marido tu...

Semblanza de un monstruo

Me fascinan, no lo voy a negar, esas duras infancias que a ojos de la mayoría tanto contextualizan sino justifican las felonías postreras de aquellas víctimas impúberes. En tales casos, y a modo de paradigma, no puedo evitar recordar la niñez de un personaje singular que tuvo también complicadas circunstancias como las que paso a anotar. Si bien vivió en el s.XIX, tenemos redundante constancia de sus acciones, de sus vivencias, de sus ambiciones y, de este modo, sin ir más lejos, sabemos, gracias al diario de la hija del panadero de su familia, que desde muy pequeñito recibió una dura educación por parte de un padre deseoso de que su hijo fuera un gran músico -becerro de oro de por aquel entonces-, por lo que éste, cuando apenas siete añitos, era atado a un piano para que ahorrara técnica y lograse así pagar en el futuro a la hetaira gloria. Con tal biografía no debiera extrañarnos que pasados los años sufriera las burlas de los niños por llevar un abrigo abotonado hasta el cuello en p...

El pez de colores

Mi abuelo me contó en cierta ocasión cómo de pequeño se quedó maravillado de los peces que había en el río de su pueblucho. Uno, en especial, de colores chillones, vivos, variados, que nadaba feliz, ignorante de todo estrés, de toda obligación, pero, ay, pescarlo resultaba una odisea porque era cogerlo con la mano y de puro rápido y mojado se te escapaba de los deditos de las manos, así que cuando alcanzó por fin a aquel maravilloso pececito, lo hizo con tanta temerosa fuerza que el animal terminó con los ojos saliéndose de sus cuencas, las entrañas erupcionando de sus carnes, todo él pura argamasa informe de espinas, vísceras, escamas y sueños; y mi abuelo, que volvió del frente con cicatrices, algunas visibles, otras no, justo a tiempo para la boda de la mujer a la que estérilmente había sonsacado una promesa de amor antes de la contienda civil; y mi abuelo, que a base de cinturones, gritos y amenazas, intentó en vano que sus hijos se hicieran doctos y licenciados; y mi abuelo, que d...

El animal que sabía demasiado

José Ferrater Mora y Priscilla Cohn, Ética aplicada: del aborto a la violencia, Alianza Editorial, Madrid, 1981, pp. 73-77 ( vía ): Brigid Brophy ha expresado la opinión de que, en la misma medida en que un animal no puede razonar abstractamente, el dolor que sufre puede ser aún mayor que el experimentado por un ser humano. El animal, en efecto, no tiene «otra cosa en qué pensar» (...) Brigid Brophy sugiere la idea de que el dolor puede inundar «la capacidad total de experiencia [de los animales] de un modo que es infrecuente entre nosotros, por cuanto nuestra inteligencia y nuestra imaginación pueden producir huecos en la inmediatez de nuestras sensaciones» (...) Así, aunque es cierto que animales y seres humanos poseen sistemas nerviosos similares, creo que no es adecuado sacar conclusiones respecto a los sufrimientos de un animal a base de nuestras propias experiencias. En otros términos, es muy probable que, al suponer que la conducta de un animal tiene que ser análoga a la propia...

La metamorfosis, según Chuang Zu, según José de la Colina

Franz Kafka soñó que era Gregorio Samsa y no sabía al despertar si era un escarabajo que había soñado ser un literato o un literato que había soñado ser un escarabajo.

¿En qué se diferenciaba un lector de divulgación científica del s.XIX, con su física pre-relativista y pre-cuántica, de un lector ocioso?