miércoles, 12 de enero de 2011

Homo linguae

En 1949, el psiquiatra autraliano Johnn Cade administró litio durante cinco días (por razones equivocadas) a un paciente maníaco-depresivo de cincuenta y un años, un hombre tan hiperactivo, confundido e incontrolable que llevaba veinte años encerrado en un manicomio. Al sexto día, gracias a la acumulación de litio en la sangre, el paciente recuperó un comportamiento normal.


Las arañas drogadas con marihuana tejen telarañas razonablemente bien, pero a la mitad. de la labor pierden concentración; con cafeína, en cambio sólo pueden unir unas pocas hebras al azar; bajo los efectos de bencedrina (anfetaminas), los insectos tejen con buen gusto pero sin planificación, dejando grandes agujeros, y con clorohidrato, un compuesto de somníferos, quedan inconscientes antes de iniciar la labor. A esta conclusión han llegado u nos científicos de la NASA que proponen usar arañas para evaluar la toxicidad de nuevos medicamentos, según informa la revista New Scíentist, y ahora quieren desarrollar programas de ordenador para analizar objetivamente las telarañas.

Artículo elaborado por Reuters y publicado en el diario El País el 3 mayo de 1995 (Véanse, si se quiere, las fotos salidas del experimento)

Nosotros, (...), estamos casi constantemente ocupados en presentarnos a nosotros mismos a los demás, o a nosotros, y, por tanto, en representarnos a nosotros mismos, con el lenguaje y el gesto, externo e interno. La diferencia más evidente dentro de nuestro entorno que explicaría esta diferencia de conducta es la conducta misma. Nuestro entorno humano no contiene solamente alimento y cobijo, enemigos con los que luchar y de los que escapar, y miembros de la misma especie con los que aparearnos, sino palabras, palabras, palabras. Estas palabras son unos poderosos elementos de nuestro entorno que incorporamos fácilmente, ingiriéndolas y excretándolas, tejiéndolas como telas de araña hasta construir secuencias de narraciones autoprotectoras. Evidentemente, (...), cuando permitimos la entrada a estas palabras, a estos vehículos para memes, éstos toman el mando, creándonos a partir de las materias primas que encuentran en nuestros cerebros.

Nuestra táctica fundamental de autoprotección y de autodefinición no consiste en tejer una tela o construir una presa, sino en contar historias, y más particularmente, en urdir y controlar la historia que contamos a los demás -y a nosotros mismos- sobre quiénes somos. Y al igual que las arañas no tienen que pensar, consciente y deliberadamente, en cómo deben tejer sus telas, y al igual que los castores, a diferencia de los profesionales humanos de la ingeniería, no proyectan consciente y deliberadamente las estructuras que construyen, nosotros (a diferencia de los profesionales humanos del contar historias) no imaginamos consciente y deliberadamente qué narraciones contar ni cómo contarlas. Nuestras historias se urden, pero en gran parte no somos nosotros quienes las urdimos; ellas nos urden a nosotros. Nuestra conciencia humana, nuestra egoticidad narrativa, es su producto, no su origen.

Página 428, del libro La conciencia explicada, de Daniel Dennett.

8 comentarios:

Severian dijo...

...bajo los efectos de bencedrina (anfetaminas), los insectos tejen con buen gusto pero...

Si omite el detalle de que las arañas no son insecto ¿cuanto del resto es confiable? ¿será la becedrina una anfetamina? ¿será cierto el estudio o se tratará de un charla de café que el periodista infló hasta investigación científica?

Chofer fantasma dijo...

el comentarista es científico. E ilustra cuanto necesitamos de un relato.
Yo soy un francotirador desarmado, y no paro de hacerme el ingenioso.

Leandro dijo...

Lo de Dennett parece un plagio a Lacan, jejej.

Héctor Meda dijo...

Severian,

Bueno he visto el artículo en otras partes (originariamente hace meses en un suplemento dominical) y en cualquier caso, es fácil entender que aquí, el error es fruto de un recurso retórico del traductor/periodista que buscaba evitar la siempre fea repetición de una palabra, en este caso, "araña"

Chofer fantasma,

Las fotos ilustradoras del asunto, por cierto, están aquí

Seikilos,

Tengo la sensación de que en Lacan (leído de oídas) el lenguaje acaba siendo una suerte de entidad autónoma trascendente

Leandro dijo...

Creo que lo que dice Lacan es que el lenguaje precede al hombre ("los poderosos elementos de nuestro entorno" en Dennett), que el hombre es hablado desde antes de nacer, que el lenguaje lo atraviesa y lo corta y lo define, pero hay un sujeto que acepta estos significantes que vienen impuestos desde afuera (ese "ingiriéndolas", ese "permitimos las entrada a las palabras" de Dennett) y se los adueña.

Héctor Meda dijo...

La verdad es que si no hubiera ladinamente cortado a Dennett la idea se hubiera mostrado aún más lacaniana pero yo, particularmente disiento de la concepción denettiana del lenguaje por desgracia afín a los teóricos de la IA que U.Eco en libro magnífico titulado "La búsqueda de la lengua perfecta" (o algo así) criticó inteligentemente por cuanto hipostasiaba el lenguaje (algo, en mi opinión, también típico de la tradición filosófica continental desde aquel "El lenguaje es la casa del ser") pero mi opinión es que el lenguaje es nomás un fenotipo extendido, es decir, algo, un instrumento podríamos decir, propio y subjetivo, y cuyo uso o pilotaje necesita del concurso de una determinada neurobiología (pensemos en la gente con afasia), un determinado equilibrio neuroquímico (pensemos en los faltos de litio), un historial psicológico, cultural, etc. que varía de una persona a otra de forma que, en el fondo, nuestra comunicación participa de la ilusión de creer que mi palabra vale lo mismo en mi boca que en el oído del que escucha

Yo creo que, casi distraídamente, empero, Dennet alcanza una idea estimulante al olvidar (o casi) al lenguaje y creer que nuestras telerañas, aquellas labores propias y características que nos hacen un espacio propio, para habitarlo, o un espacio propicio, para lograr compañia, son las narraciones que lanzamos al mundo y de ahí, también, la feliz referencia de la inconsciencia de tales actos a excepción de los contadores de historias y aquí no puedo haber dejado de linkar ciertos monólgos shakesperianos como el de Julio Cesar en donde Bruto logra la complicididad del populacho y la limpieza de su conciencia, no sólo lenguaje mediante, sino vía presentando una narración en donde él es una suerte de sacrificado héroe redentor, un mártir del destino obligado a perpetrar lo que hizo y, claro, como este ejemplo, en la literatura, miles.

Leandro dijo...

Bueno, Lacan dice que la comunicación es una ilusión justamente porque cada uno se apropia de los significantes de manera distinta. Es lo que él llama el registro de lo imaginario.

Héctor Meda dijo...

También importará, por cierto, el contexto lingüístico en donde se usen los significantes, por ejemplo, el verbo "sancionar" tiene una connotación que no tiene el de "aprobar" pues aquel y no este se usa sin ir más lejos cuando la Iglesia acepta ciertas conductas de forma que la reverberación que nos produce ese verbo a nosotros sería diferente de aquel oyente futuro que -imaginemos- desconoce qué es la Iglesia. De esto, del contexto cultural y el uso según dicho contexto de las palabras, también trata -sé que soy repetitivo en mis fuentes- el Menard de Borges.