lunes, 11 de octubre de 2010

El solipsismo a juicio

Si viviéramos en un mundo en donde las leyes naturales fueran impugnables mediante la mera convicción absoluta de que lo son -repito, convicción absoluta- entonces, ¿sería aún así posible que alguien sobreviviera luego de tirarse de un quinto piso?

7 comentarios:

Sierra dijo...

Siempre me ha parecido que un argumento irrebatible contra la duda del mundo externo es el del ladrillo. Si el mundo externo no estuviese ahí, un ladrillazo no podría sentarte tan mal...

Miguelon dijo...

Bueno, en "Matrix" los ladrillos y las balas estaban tambien "ahi" de alguna manera.... Pero no, en realidad no lo estaban, y sin embargo sentaban mal a los protagonistas.

Malena dijo...

Sí, pero la idea de que uno moría en el mundo real cuando moría en la Matrix estaba bastante agarrada de los pelos. No hay nada que os habilite a pensar que no despertaríamos en la supuesta realidad.
En Inception está mucho mejor arreglado.

Yo recomendaría el arrojarse de edificios como solución a todo solipsista convencido. Así dejarían de arruinar todas las conversaciones medianamente interesantes llevándolas hacia la única 'verdad' que pueden inteligir.

De todos modos aún no he visto un argumento que me convenza de manera definitiva contra el solipsismo. Justo estaba haciendo un post sobre el tema. Veré de agregarle alguna reflexión sobre los objetos contundentes.

Vale la pena agregar que (creo que) el argumento de Sierra también es útil contra (los más burdos argumentos de) aquellos que consideran que el mundo sólo existe a través del lenguaje, y que no existe nada que sea prelingüístico o metalingüístico.

Sierra dijo...

Miguelón:

Sí, pero en Mátrix aun había una realidad externa que "avisaba" a la mente que le estaban dando ladrillazos o a balas, a saber, el computador de la Mátrix. La Mátrix no era solo imaginada.


De todos modos, yo haría una pregunta completamente diferente: ¿cuál es el valor de una realidad soñada? Nótese que, imaginario o no, un sueño es tan real como un ladrillo; lo que cambia es —diría yo— el lugar... Creo que el diferente valor ontológico de sueño y realidad externa ha sido mal planteado, sobre todo por lo solipistas.

Héctor Meda dijo...

Sin embargo, no creo que haya existido una sóla persona en toda la historia de la humannidad que haya creído de veras y no de libros el solipsismo.

Y bueno que conste, por si acaso, que yo no invito a nadie a tirarse del balcón sino hacer ver que incluso en un mundo como Matrix, te costaría pensar otra cosa que la de que tus instintos te susurran, a saber: ¡No! pupa ¡alejate!

Quiero decir, si ahora nos trasladaran a un universo ficticio, nuestros instintos nos harían lo mismo que el miedo a aquel elefante que -según la leyenda- cuando de pequeño no podía moverse por tener una pierna sujeta a una estaca y cuando mayor por seguir creyendo que esa estaca basta para detenerle

Rafael dijo...

Desde luego que los palazos que el pobre Don Quijote recibió le sacaban a duras penas y por momentos del delirio que vivió sus últimos años. Ahora bien, yo pondría otro ejemplo al hilo de lo de Mátrix, y que por lo visto su argumento da para mucho en los entornos más o menos filosóficos. Imagina Héctor que la Real Sociedad de futbol marca en un partido, pongamos al barÇa, -y pongo este ejemplo para darle más verismo al asunto-, y en el último segundo, un gol. Gol que le valdría el triunfo del partido. La pelota toca el larguero y por pocos pero suficientes centímetros reglamentarios entra en la portería. Es gol “claramente” pero el árbitro indica lo contrario. Acaba el partido, el equipo adversario se lleva el empate de Anoeta, con pitada general al árbrito y linieres, etc. Ahora bien, ¿ha sido o no ha sido gol? En el diario Marca del siguiente día se lee claramente el resultado de empate. Pero los que presenciaron el partido y tuvieron una buena perspectiva de campo vieron claramente que la pelota entró. Y en la moviola de esa misma noche así lo corrobora. Yo te pregunto Héctor, ¿fue o no fue gol?
Rafael

Héctor Meda dijo...

Debiera haber sido etiquetado como gol la jugada, tal y como lo exige el reglamento.