El Fin del Contacto: Hacia un Realismo del Límite tras la Crítica a Dreyfus y Taylor

 Abstract


Recuperar el realismo (2015) de Hubert Dreyfus y Charles Taylor constituye un intento seminal de superar el escepticismo moderno mediante un “realismo de contacto” fundado en la inmediatez del saber-cómo (know-how) y la autofundación del trasfondo práctico (background). Este artículo desarrolla una crítica inmanente que demuestra la inviabilidad lógica de dicho proyecto. En primer lugar, mediante un argumento trascendental-material, se establece que toda cognición requiere una “ventana de coalescencia perceptiva”, una formalidad mediadora constitutiva que hace imposible la inmediatez que su realismo de contacto requiere. En segundo lugar, mediante un argumento lógico inspirado en la paradoja de Babbage-Chambers, se muestra que cualquier manifestación finita del background está lógicamente subdeterminada y no puede servir de fundamento seguro. Juntos, estos argumentos revelan una doble opacidad constitutiva del cognoscente respecto a los principios de su propia cognición: la estructura que media su acceso permanece inaccesible como objeto, y su regla generativa es lógicamente subdeterminada. Frente a este impasse, se propone una salida constructiva: un realismo del límite impredicativo, donde la realidad se concibe no como lo contactado, sino como el horizonte de convergencia que se infiere abductivamente a partir de la coherencia y éxito de nuestra praxis mediada. Lejos de negar el impulso realista, esta reformulación lo rescata en un registro post-crítico, capaz de habitar conscientemente la mediación y la subdeterminación que nos definen como seres cognitivos.


Palabras clave: Dreyfus, Taylor, realismo de contacto, fenomenología, crítica inmanente, ventana de coalescencia, paradoja de Babbage-Chambers, doble opacidad, realismo del límite, impredicatividad.



1. Introducción: La Promesa y el Problema



La filosofía moderna, desde Descartes, ha estado plagada por lo que Hubert Dreyfus y Charles Taylor (2015) denominan la “Imposición” (The Background Picture o BPI). Esta es una imagen tácita del mundo como un universo de partículas objetivas descrito por la ciencia natural, frente al cual la mente humana aparece como un espectador interno que alberga representaciones subjetivas. La consecuencia más corrosiva de la BPI es el “problema del puente”: la aparente imposibilidad de conectar de manera fiable nuestras representaciones mentales con el mundo exterior, lo que abre la puerta al escepticismo epistemológico y a la reducción de lo normativo (valores, significados) a lo meramente subjetivo o ilusorio.

En Recuperar el realismo, Dreyfus y Taylor emprenden una tarea ambiciosa: disolver este problema no mediante una solución dentro del marco representacional, sino mediante su rechazo total. Su estrategia es un retorno a las cosas mismas de corte fenomenológico, que busca fundamentar el conocimiento no en la certeza de las representaciones, sino en la inmediatez de nuestro contacto práctico y encarnado con el mundo. El núcleo de su propuesta descansa en dos pilares conceptuales: (1) la primacía del saber-cómo (know-how) sobre el saber-que (know-that), donde la comprensión se origina en la pericia corporal y contextual, no en creencias justificadas; y (2) la noción de un trasfondo (background) pre-reflexivo, constituido por habilidades, prácticas sociales y significados compartidos, que opera como el “humus” no representacional que posibilita toda articulación explícita y dota de solidez y certeza a nuestra orientación en el mundo. La promesa es rotunda: al recuperar este realismo de contacto, se superarían de un solo golpe los callejones sin salida del escepticismo, el problema de Gettier y la reducción naturalista, reencontrándonos en un mundo de significados que son descubiertos, no proyectados.

Esta crítica inmanente no disputa los objetivos de Dreyfus y Taylor, ni subestima la importancia de su diagnóstico de la BPI. Por el contrario, parte de la convicción de que su proyecto es una de las respuestas más sofisticadas y necesarias al malestar de la filosofía contemporánea. Sin embargo, sostendrá que dicho proyecto adolece de una inconsistencia interna fundamental que lo vuelve inviable en sus propios términos. La tesis central de este trabajo es que la condición misma de ser un sujeto cognoscente impone dos restricciones insuperables que hacen imposible la “inmediatez” y la “autofundación” que su realismo de contacto requiere.

En primer lugar, mediante un argumento trascendental-material, se demostrará que toda cognición –incluido el saber-cómo más básico– presupone una “ventana de coalescencia perceptiva”: una estructura formal de mediación (con límites temporales finitos) que filtra y configura el flujo causal del mundo, haciendo lógicamente imposible la inmediatez no mediada que su realismo de contacto requiere. En segundo lugar, mediante un argumento lógico-epistemológico inspirado en la paradoja de Babbage-Chambers (y los problemas de Goodman y Wittgenstein sobre la inducción y el seguimiento de reglas), se demostrará que cualquier manifestación finita del trasfondo –por rica y contextual que sea– está lógicamente subdeterminada y, por tanto, es incapaz de servir como el fundamento seguro e incuestionable que su teoría necesita. Juntos, estos argumentos revelan una doble opacidad constitutiva del cognoscente: opacidad hacia el mundo (mediado por una formalidad) y opacidad hacia los principios de su propia acción (subdeterminados lógicamente).

El método empleado será, pues, el de la crítica inmanente. No se introducirán premisas externas al espíritu del proyecto, sino que se seguirá el hilo de sus propias aspiraciones hasta mostrar que conducen a una contradicción con las condiciones de posibilidad de la cognición. El resultado no será la mera negación de su filosofía, sino la delimitación de sus límites y la sugerencia de un camino reformulado: un realismo que, para ser plausible, debe poder habitar –sin ilusiones– la mediación y la subdeterminación que lo hacen posible.



2. El Primer Pilar: La Ventana de Coalescencia Perceptiva (Argumento Trascendental-Material)



2.1. La Condición Formal de la Percepción


La propuesta de Dreyfus y Taylor descansa en la fenomenología de un agente que accede de manera directa e inmediata a un mundo significativo. Para evaluar esta afirmación es necesario preguntarse por las condiciones de posibilidad mismas de la percepción, es decir, por aquello que debe ser el caso para que cualquier sistema –biológico o no– pueda ser considerado un percipiente.

En neurociencia cognitiva y psicofísica se reconoce que la percepción consciente no es un registro continuo y en tiempo real del flujo sensorial. Por el contrario, opera mediante una ventana de coalescencia temporal: un intervalo de integración (en humanos, típicamente entre 100 y 400 milisegundos) durante el cual los estímulos discretos son agrupados y procesados para generar una escena perceptual unificada (Pöppel, 1997; Varela, 1999). Esta ventana no es un mero accidente empírico, sino una propiedad formal necesaria de cualquier sistema que pretenda extraer patrones estables de un entorno en cambio constante.

La necesidad de esta ventana puede establecerse mediante un argumento trascendental simple. Sea un sistema S. Para que S sea un percipiente (y por extensión, un cognoscente), debe ser capaz de discriminar figuras contra un fondo y secuenciar eventos en el tiempo. Esto requiere que su proceso de muestreo tenga:


  1. Un límite superior finito (L_sup < ∞). Si L_sup fuera infinito, la percepción sería una acumulación indiferenciada de datos, imposibilitando la demarcación de objetos o eventos discretos. No habría "enfoque".


  1. Un límite inferior positivo (L_inf > 0). Si L_inf fuera infinitesimal (o cero), todos los estímulos se registrarían como simultáneos (o a la máxima velocidad permitida por la causalidad física, c). Esto anularía la capacidad de establecer secuencias causales o narrativas, esenciales para la cognición.


Por lo tanto, la existencia de una ventana con límites finitos (V) no es una característica opcional, sino una condición necesaria para la percepción (P) y, por ende, para la cognición (C). Podemos formalizar este núcleo del argumento:


A1 (Cognición Percepción): x [C(x) P(x)]
A2 (Condición de la Ventana): x [P(x) V(x)], donde V(x) significa "x opera con una ventana de coalescencia de límites finitos".
Demostración de A2: (i) ¬ L_sup percepción acumulativa infinita ¬C(x). (ii) ¬ L_inf > 0 percepción simultánea total ¬C(x). C(x) requiere L_sup < ∞ L_inf > 0, es decir, V(x).


2.2. De la Ventana a la Mediación Formal


La consecuencia crucial es que esta ventana V actúa como un filtro formal entre el sistema cognitivo y la realidad física R. La ventana no es un objeto percibido, sino la estructura que hace posible la percepción. Define un ritmo de muestreo, un umbral de integración y una granularidad temporal que seleccionan y configuran el input proveniente de R. En términos formales:


A3 (Ventana Mediación): x [V(x) f (f es una función de integración temporal que configura el input sensorial en una escena perceptual unificada)].


La percepción no es, pues, un evento puntual, sino el resultado de una transformación formal f que integra inputs sensoriales distribuidos en el tiempo. Esta f es la mediación constitutiva.


2.3. La Incompatibilidad con la Inmediatez Dreyfus-Taylorana


La tesis central de Dreyfus y Taylor puede expresarse como la afirmación de que el acceso a su mundo significativo (M) es inmediato (no mediado por representaciones). Formalicemos dos de sus compromisos fundamentales:


A4 (Tesis de Inmediatez DT): x [M(x) I(x)], donde I(x) significa "x tiene acceso inmediato (no-mediado) a la realidad".

A5 (Conexión Fenomenológica DT): x [C(x) M(x)] (Todo cognoscente habita un mundo significativo).


Ahora podemos demostrar la contradicción.


Teorema 1 (La Condena a la Mediación): x [C(x) ¬I(x)]
Demostración: Supongamos C(a) para un agente 'a'.

  1. Por A1 y A2: C(a) P(a) V(a).
  2. Por A3: V(a) f (la percepción de 'a' es es el output de f). Si existe tal f, la experiencia perceptiva de 'a' está formalmente mediada por f.
  3. Por definición de inmediatez (I), la mediación implica no-inmediatez: f ¬I(a).
  4. C(a) ¬I(a).


El Teorema 1 establece que ser un cognoscente implica necesariamente operar mediante una mediación formal. Esto entra en contradicción directa con el compromiso de Dreyfus y Taylor de que el background garantiza un contacto no mediado con lo real..


Corolario 1 (Contradicción): Los axiomas A4 y A5 de DT, junto con A1-A3, son inconsistentes.
Demostración: De A4 y A5 se sigue que x [C(x) I(x)]. El Teorema 1 demuestra que x [C(x) ¬I(x)]. Ambas no pueden ser verdaderas simultáneamente.


2.4. El Dilema para el Realismo de Contacto


Dreyfus y Taylor enfrentan así un dilema ineludible:


  1. Opción 1: Aceptar la ventana (A2). Entonces deben aceptar que su 'inmediatez' es la transparencia fenomenológica de una mediación constitutiva. Pero esto hace falsa su tesis de que dicha transparencia garantiza acceso no mediado a un mundo real independiente (A4).


  1. Opción 2: Negar la ventana (A2). Esto equivale a afirmar que la cognición es posible con una ventana infinita o infinitesimal. Pero como demostró la justificación de A2, eso conduce a la imposibilidad de la cognición misma (¬C(x)). Si no hay cognición, no hay sujeto para el mundo significativo M(x) (por A5), y su fenomenología carece por completo de objeto.


Conclusión de la Sección 2: La primera condición de posibilidad de la cognición –la ventana de coalescencia perceptiva– impone una mediación formal insuperable entre el agente y el mundo. Cualquier descripción fenomenológica que pretenda fundarse en la inmediatez del contacto, como hace la de Dreyfus y Taylor, es lógicamente incompatible con la arquitectura material que hace posible la experiencia que describen. El primer pilar de su realismo –el acceso directo– se desmorona ante una restricción trascendental-material.



3. El Segundo Pilar: La Ventana como Máquina de Babbage (Argumento Lógico-Trascendental)



3.1. La Ventana es la Máquina de Babbage: Implicación Constitutiva


La sección anterior estableció que toda cognición requiere una ventana de coalescencia perceptiva (V): un intervalo finito de integración temporal sin el cual no hay discriminación de figura/fondo ni secuenciación de eventos. Pero esta ventana no es un mero "filtro pasivo" interpuesto entre agente y mundo. Es, constitutivamente, una máquina de reconocimiento de patrones: su función es tomar una secuencia finita de inputs sensoriales distribuidos en el tiempo y producir un output categorial unificado y fijado ("taza", "rostro", "peligro").

Y aquí reside la implicación lógica ineludible: toda máquina cuya función es reconocer patrones a partir de secuencias finitas cae necesariamente bajo la subdeterminación lógica de Babbage-Chambers. No se trata de un segundo problema añadido a la mediación, antes bien, es la cara lógica de la mediación misma. La ventana genera opacidad no porque sea un velo ontológico, sino porque, como condición de posibilidad de la percepción, opera necesariamente sobre lo finito — y lo finito está lógicamente subdeterminado respecto a la regla que lo genera: ninguna secuencia finita de outputs fija unívocamente la función que la produce.

Dreyfus y Taylor podrían replicar que el background elude esta trampa precisamente porque no simboliza: el saber-cómo emerge "ya hecho": como Atenea de la cabeza de Zeus, sin mediación representacional explícita. Pero esta escapatoria es su ruina. Al negar la simbolización ex post, eliminan el único ancla posible para discriminar entre reglas: si el agente no puede inspeccionar ni siquiera después qué regla aplicó (porque el background es inarticulable), entonces su "fluidez exitosa" es compatible con infinitas formalidades alternativas f₁, f₂... que coinciden en toda su historia pasada pero divergen en el próximo instante. La subdeterminación no es un fantasma escéptico externo, justamente es la condición lógica de operar bajo una ventana sin poder simbolizar su regla.

Así, el escepticismo cartesiano o el problema de Gettier no se disuelven con la fenomenología del background, como ellos pretendían, se internalizan como aporía constitutiva. Dreyfus y Taylor expulsan al demonio cartesiano por la puerta de la representación, pero Babbage-Chambers lo reintroduce por la ventana de la subdeterminación lógica: sin símbolos que inspeccionar, el agente no puede saber si su certeza práctica responde a constricciones reales o a una coincidencia estable. La inmediatez somática no es la solución al escepticismo, todo lo contrario, es su forma más insidiosa.


3.2. La Paradoja de Babbage-Chambers Aplicada a la Ventana


Charles Babbage observó que su máquina de calcular podía generar la serie de los números naturales hasta 100.000.000 y luego, sin cambio alguno en su mecanismo, continuar produciendo una secuencia completamente distinta (100.000.001; 100.010.002; 100.030.003...). La lección filosófica, retomada por Robert Chambers y análoga a los enigmas de Goodman (1955) sobre la inducción y de Wittgenstein (1953) sobre seguir una regla, es radical: ninguna secuencia finita de outputs –por larga y consistente que sea– determina unívocamente la regla o ley que la genera (Honderich, 1995). Cualquier segmento finito F es compatible con un número infinito de funciones R₁, R₂, R₃... que coinciden en F pero divergen en el paso n+1.

Esta no es una mera curiosidad matemática. Es una verdad lógica sobre la subdeterminación de lo finito. Aplicada al background de Dreyfus y Taylor, tiene consecuencias devastadoras: el trasfondo se manifiesta siempre y únicamente a través de secuencias finitas de prácticas, hábitos contextuales y respuestas hábiles. Estas manifestaciones finitas constituyen el "humus" del que hablan. Pero si toda secuencia finita está lógicamente subdeterminada, entonces el background, en cuanto fenómeno accesible, no puede fijar de manera unívoca cuál es la "regla" correcta a aplicar en la próxima situación, por familiar que ésta parezca.


Podemos formalizar este núcleo del problema para evidenciar su fuerza.

Definiciones:


    • B(x): El trasfondo (background) del agente x, entendido como el conjunto de sus disposiciones prácticas pre-reflexivas.
    • F(B): Cualquier manifestación finita de B(x), es decir, una secuencia finita de acciones, juicios o respuestas contextuales que x ha realizado o aprobaría.
    • R(F): Una regla, principio o función que genera o es compatible con la secuencia finita F.
    • Axioma de Subdeterminación Lógica (ASL): Para cualquier secuencia finita F, el conjunto de reglas Rᵢ tales que Rᵢ(F) = "correcto" es infinito. Formalmente: F {R₁, R₂, ..., R, ...} (con n ∞) | i, Rᵢ es compatible con F.
    • Premisa Fenomenológica DT (P-DT): La guía para la acción correcta en una nueva situación S surge del trasfondo, no de la aplicación de reglas explícitas. Es decir, para un agente x, la corrección de la acción A en S se funda en B(x).


El problema surge cuando intentamos conectar P-DT con ASL. Si la guía del trasfondo B(x) solo se nos da a través de sus manifestaciones finitas F(B), entonces, por ASL, F(B) es compatible con infinitas reglas Rᵢ subyacentes. En consecuencia, B(x) no determina lógicamente una única respuesta correcta en la próxima situación novedosa S. Diferentes reglas Rᵢ, todas igualmente compatibles con el pasado práctico de x, podrían prescribir acciones diferentes en S. El trasfondo, por tanto, carece de la determinación lógica necesaria para fungir como fundamento último de certeza práctica.


La lección filosófica es que ninguna secuencia finita de outputs determina unívocamente la regla interna que la genera (Honderich, 1995). Cualquier segmento finito F es compatible con infinitas funciones R₁, R₂, R₃... que coinciden en F pero divergen después.

Apliquemos esto a la ventana de coalescencia. La formalidad f se manifiesta para nosotros únicamente a través de su output fenomenológico: la secuencia finita (aunque extensa) de nuestras percepciones y acciones exitosas, nuestro saber-cómo encarnado. Llamemos a esta secuencia F(f), la historia perceptivo-conductual mediada por f.

Por la paradoja de Babbage: F(f) es compatible con infinitas formalidades alternativas f₁, f₂, f₃... que, hasta hoy, han producido la misma historia fenomenológica F(f), pero que podrían generar percepciones radicalmente distintas a partir del próximo instante. No hay manera, desde dentro de la experiencia mediada por f, de determinar si uno está operando bajo f, f₁ o f₂.


3.3. La Ilusión del Conocimiento Somático y la Trampa Impredicativa


Aquí reside la conexión crucial con el proyecto de Dreyfus/Taylor. Ellos pretenden fundar la certeza en un conocimiento somático, pre-reflexivo e inmediato del mundo. Pero lo que el agente tiene, en el mejor de los casos, es una fluidez en F(f), una habituación a los outputs de una formalidad desconocida. Esta fluidez es perfectamente compatible con una ignorancia total sobre la naturaleza de f. El "saber-cómo" no es un conocimiento de la regla, sino una sintonía con sus efectos, efectos que podrían ser idénticos los de infinitas reglas distintas.

La única forma de escapar a esta subdeterminación –de fijar f de manera unívoca– sería apelar a una definición impredicativa: definir f no por una fórmula local, sino como aquella regla que se determina a sí misma en función de la totalidad infinita de sus outputs pasados y futuros (una "supertarea"). Pero esta salida es fatal para Dreyfus y Taylor por dos razones:


  1. Es simbólica y representacional en extremo: Requiere una representación de la totalidad, una abstracción que está a años luz del "contacto" somático y contextual que defienden.


  1. Es fenomenológicamente inoperante: Un agente finito que percibe en el tiempo (es decir, sujeto a la Ventana) no puede ejecutar una supertarea. No puede "esperar" a que la totalidad de la serie se despliegue para saber cómo percibir ahora. La percepción es una tarea finita y en tiempo real. Por tanto, la definición impredicativa, aunque lógicamente posible, es psicológica y fenomenológicamente vacía. No puede guiar la acción.


3.4. Consecuencia: La Doble Ceguera del Agente Encarnado


Esto nos deja con una imagen del agente mucho más modesta –y fatal para el realismo de contacto– que la que proponen Dreyfus y Taylor. El agente no sólo está ciego a los principios que configuran su propio acceso al mundo (opera bajo una ventana que no puede inspeccionar: Sección 2), sino que también está ciego a la regla que gobierna esa ventana (subdeterminación de Babbage: Sección 3).

La solidez del background no es la solidez de un fundamento conocido, sino la estabilidad de una habituación a una máquina cuyo siguiente output es lógicamente impredecible. El problema escéptico no se resuelve, antes bien, se internaliza y se hace constitutivo. La paradoja de Babbage-Chambers demuestra que la transparencia fenomenológica del background es compatible con una opacidad lógica radical sobre sus propias reglas de generación.


Conclusión de la Sección 3: El intento de refugiarse en el saber-cómo para evitar los problemas de la epistemología representacional (Gettier, escepticismo) fracasa. La formalidad mediadora requerida por la cognición (la Ventana) cae, ella misma, bajo el ámbito de la paradoja de Babbage. Esto significa que el agente está tan subdeterminado lógicamente respecto a los principios de su propia percepción como lo estaba el sujeto cartesiano respecto al mundo exterior. La "certeza" del contacto encarnado es una certeza psicológica, no lógica y una adaptación exitosa pero epistémicamente ciega a los outputs de una caja negra.

La Ventana (mediación) nos da un filtro, pero la Máquina de Babbage nos dice que no podemos conocer ese filtro desde dentro. La "inmediatez somática" es, por tanto, una relación con un mediador desconocido e indeterminable.


4. La Conjunción Mortal: La Doble Opacidad del Cognoscente


4.1. Síntesis de la Doble Condena


Los argumentos de las secciones 2 y 3, lejos de ser críticas dispersas, conforman una pinza lógica que estrangula la posibilidad misma del realismo de contacto en los términos propuestos por Dreyfus y Taylor. Juntos, establecen que el cognoscente habita un estado de doble opacidad constitutiva:


  1. Opacidad hacia los principios de cognición (Resultado del Argumento de la Ventana): El cognoscente opera bajo una ventana de coalescencia que, siendo condición de posibilidad de toda percepción, es estructuralmente inaccesible como objeto para quien opera bajo ella.


  1. Opacidad hacia el Sí Mismo (Resultado del Argumento de Babbage aplicado a la Ventana): El cognoscente no puede determinar, a partir de su fluidez práctica o de la coherencia de sus outputs perceptivos, cuál es la formalidad mediadora f que la gobierna. Su propio principio organizador es lógicamente inescrutable desde dentro.


4.2. La Ilusión de la Inmediatez y el Colapso del Background


Esta doble opacidad disuelve los dos pilares del proyecto dreyfus-taylorano:


    • Contra la Inmediatez: Lo que ellos describen como 'contacto directo' con un mundo significativo es, de hecho, la experiencia fenoménica producida por una máquina de reconocimiento de patrones. Su 'inmediatez hermenéutica' es la transparencia cognitiva de una mediación constitutiva que no puede autotransparentarse. Es la ilusión de una ventana limpia cuando, en realidad, se mira a través de un lente cuya curvatura y color no pueden ser percibidos.


    • Contra la Autofundación del Background: El background no puede ser el fundamento seguro y autoevidente que proclaman, porque él mismo es el producto estable (pero lógicamente subdeterminado) de operar bajo f. El saber-cómo no es un conocimiento de las reglas del juego, sino la pericia en un juego cuyas reglas podrían cambiar en el próximo movimiento sin violar ninguna regularidad pasada. Lejos de ser un baluarte contra el escepticismo, el background encapsula la amenaza escéptica en su nivel más básico.


4.3. El Callejón Sin Salida: Las Opciones Imposibles para Dreyfus y Taylor


Frente a esta doble opacidad, las opciones de réplica para Dreyfus y Taylor llevan a callejones sin salida:


  1. Aceptar la mediación pero mantener la "inmediatez" como fenómeno: Esto sería una contradicción en los términos. Reducirían su tesis a una mera descripción psicológica ("nos sentimos inmediatos"), abandonando su fuerza ontológica y antiescéptica.


  1. Aceptar la subdeterminación del background: Esto equivaldría a admitir que su fundamento es, en el mejor de los casos, una "confianza ciega" o un "hábito", no un conocimiento o una apertura fiable a lo real. El realismo se convertiría en fideísmo pragmático.


  1. Negar los argumentos trascendentales: Esto los forzaría a defender que la cognición es posible sin una ventana de coalescencia (un absurdo material) o que una secuencia finita  determina unívocamente una regla (un absurdo lógico), alejándose de cualquier consenso científico y filosófico.


4.4. Hacia una Nueva Condición: El Cognoscente como Sistema Cerrado y Adaptativo


La doble opacidad no conduce al escepticismo nihilista, sino que revela la arquitectura real de nuestra condición cognitiva: somos sistemas que operan dentro de una mediación formal ineludible (f) y hacia un horizonte de sentido que solo se define como límite. De esta constatación emerge no la negación del realismo, sino su transformación: de un realismo de contacto (inmediato, fundado) a un realismo del límite impredicativo (inferido, regulativo).

Esta operación encuentra un paralelo estructural en el marco del 'Realismo Convergente Regulativo' (Meda, 2025), desarrollado para dar cuenta de la inferencia por ausencia en la ciencia:


A. La verdad como horizonte de convergencia, no como dato de partida.


Dreyfus y Taylor buscan recuperar un mundo 'dado' en la inmediatez de la praxis. Nuestro análisis muestra que lo 'dado' es siempre el output de una mediación constitutiva. Sin embargo, la solidez y coherencia de ese mundo fenoménico — su capacidad para sostener una vida y una cultura compartidas — no es arbitraria. Es la señal de que nuestro sistema cognitivo no opera en el vacío, sino en respuesta a constricciones que exceden la mera subjetividad. Podemos entonces reformular el realismo: la 'realidad' no es lo contactado, sino el horizonte impredicativo que inferimos abductivamente como aquello que explica la resistencia, coherencia y fecundidad de nuestra experiencia compartida. Es un horizonte porque nunca se alcanza plenamente y es impredicativo porque solo se define en términos de la totalidad de la interacción exitosa que regula.


B. La inferencia a la mejor explicación como motor regulativo.


¿Cómo justificamos esta inferencia a un horizonte que excede nuestra mediación constitutiva? No por una intuición de contacto, sino por una lógica abductiva de coherencia. La hipótesis de un polo de resistencia y generatividad que trasciende la mera subjetividad es la que mejor explica por qué nuestro mundo fenoménico no es un caos arbitrario, sino un espacio articulable, estable y compartible. Esta no es una prueba lógica deductiva, sino el principio regulativo que da sentido al propio esfuerzo de comprender y ajustar nuestro modelo perceptivo-conceptual. Del mismo modo que la ciencia transforma una ausencia de evidencia en evidencia de ausencia mediante un <<torque estadístico>> iterativo, nuestra existencia cognitiva transforma la opacidad constitutiva en una confianza regulada en la coherencia del mundo, a través del "torque" de la experiencia vivida exitosa y el ajuste intersubjetivo — allanando así, en la praxis misma, la supertarea de la impredicación.


C. El saber-cómo como maestría en la convergencia, no como acceso a lo bruto.


En este marco, el saber-cómo (know-how) que Dreyfus y Taylor colocan en el centro deja de ser un acceso privilegiado a lo real en sí. Se convierte en la pericia para navegar y refinar nuestro modelo perceptivo-conceptual dentro de los márgenes que su propia coherencia y resistencia imponen. Es una maestría en la convergencia: una sintonía con las regularidades de un mundo fenoménico que es estable precisamente porque responde a constricciones que exceden la mera subjetividad. La certeza práctica no es la certeza del contacto inmediato, sino la confiabilidad de una calibración exitosa dentro de un sistema constitutivamente mediado.


Conclusión de la Sección 4: El proyecto de Dreyfus y Taylor fracasa en su intento de fundar un realismo en la inmediatez del contacto y la autotransparencia del trasfondo. Pero su impulso –recuperar un mundo significativo y real– puede ser redimido en un registro más modesto y acorde con nuestra condición cognitiva. El realismo que sobrevive a la doble opacidad es un realismo de segundo orden: realismo sobre el límite coherente que se infiere del funcionamiento exitoso y convergente de nuestro sistema cognitivo mediado. Es un realismo que intercambia la ilusión del acceso directo por la solidez de una inferencia regulada, y la seguridad del contacto por la confianza en una convergencia que se construye, asintóticamente, en la praxis misma. Lejos de "recuperar" un realismo precrítico, esta vía apunta a un realismo post-crítico que puede habitar, sin autoengaños, la mediación y la subdeterminación que nos constituyen.



5. Conclusión: Hacia un Realismo del Límite — La Supervivencia del Sentido en la Opacidad Constitutiva



Este trabajo ha emprendido una crítica inmanente del proyecto de Dreyfus y Taylor en Recuperar el realismo. Partiendo de un acuerdo profundo con su diagnóstico sobre la "Imposición" (BPI) y la urgencia de superar el paradigma representacional, la argumentación ha demostrado que su solución —un realismo fundado en la inmediatez del contacto encarnado y la autofundación del background— es internamente inconsistente. La razón última no es un error empírico o fenomenológico, sino una contradicción lógico-trascendental con las condiciones de posibilidad mismas de la cognición.

La crítica se articuló en dos movimientos complementarios que establecen una doble opacidad constitutiva del cognoscente:


  1. Opacidad constitutiva (Argumento de la Ventana): Toda cognición, incluido el saber-cómo más básico, requiere una "ventana de coalescencia perceptiva" — una estructura formal con límites temporales finitos que filtra y configura el flujo causal. Esto hace lógicamente imposible la inmediatez no mediada que el realismo de contacto requiere. La inmediatez que describen Dreyfus y Taylor es, por tanto, la experiencia fenoménica de una mediación oculta.


  1. Opacidad hacia el sí mismo (Argumento de la Máquina de Babbage): La formalidad mediadora f se manifiesta solo a través de una secuencia finita de outputs fenomenológicos y conductuales. Por la paradoja lógica de Babbage-Chambers (análoga a los problemas de Goodman y Wittgenstein), ninguna secuencia finita determina unívocamente la regla que la genera. Así, el agente no puede discernir, desde dentro de su experiencia, cuál es la f que opera en él. Está lógicamente subdeterminado respecto a los principios mismos de su propia percepción y acción. El background, lejos de ser un fundamento seguro, es un hábito estable pero epistémicamente ciego a sus propias reglas de generación.


Esta doble opacidad es mortal para el realismo de contacto.

Disuelve sus dos pilares: la promesa de inmediatez se revela como una ilusión generada por una mediación ineludible, y la solidez del background se expone como una adaptación exitosa pero lógicamente infundada. Las opciones de réplica para Dreyfus y Taylor conducen a callejones sin salida: aceptar la mediación y la subdeterminación anula el núcleo de su propuesta pero negar los argumentos los lleva a contradecir principios científicos y lógicos básicos.

Sin embargo, el propósito de esta crítica no es nihilista. No busca hundirnos en un escepticismo sin remedio, sino delimitar con precisión el terreno en el que un realismo plausible puede, y debe, ser reconstruido. El fracaso del proyecto dreyfus-taylorano nos obliga a un realismo de segundo orden —un Realismo del Límite Impredicativo (Meda, 2025)— que, en lugar de negar nuestra condición, la habita conscientemente a través de tres desplazamientos conceptuales decisivos:


  1. De la verdad como dato a la verdad como horizonte de convergencia. La realidadya no es lo "contactado" de manera inmediata, sino el límite impredicativo que inferimos abductivamente como aquello que explica la solidez, coherencia y capacidad de ajuste intersubjetivo de nuestro mundo fenoménico. Es un límite porque nunca se muestra directamente. Es impredicativo porque solo se define retroactivamente, como el polo de resistencia y generatividad que hace sentido de la totalidad de nuestra experiencia exitosa. La verdad deja de ser un punto de partida para convertirse en un principio regulativo hacia el cual convergen nuestras prácticas.


  1. De la certeza del contacto a la inferencia regulada por coherencia. La justificación para postular ese horizonte inaccesible no es la evidencia directa, sino una lógica abductiva de coherencia pragmática. La hipótesis de un mundo estructurado e independiente de la mera subjetividad es la que mejor explica por qué nuestro mundo fenoménico no es un caos arbitrario, sino un espacio estable, articulable y compartido. Este movimiento es análogo al "torque estadístico" del realismo científico convergente: la ausencia de evidencia directa se transforma, a través de la iteración exitosa y el ajuste intersubjetivo, en una confianza regulada en la coherencia del límite. Es una fe racional, no una intuición.


  1. Del saber-cómo como acceso a lo bruto al saber-cómo como maestría en la convergencia. En este nuevo marco, la pericia encarnada tan celebrada por Dreyfus y Taylor no desaparece, sino que se redefine. Deja de ser un acceso privilegiado a lo real en sí para convertirse en la maestría para navegar y refinar nuestro modelo perceptivo-conceptual dentro de los márgenes que su propia coherencia impone. Es la habilidad de sintonizarse con las regularidades de un mundo fenoménico que es fiable precisamente porque responde a constricciones que lo trascienden. La certeza práctica es la confiabilidad de una calibración exitosa, no la transparencia de un contacto.


Conclusión final: Recuperar el realismo de Dreyfus y Taylor representa un intento monumental y necesario por escapar de los callejones sin salida de la filosofía moderna. Su diagnóstico de la BPI es impecable y su llamada a re-encarnar la razón, urgente. No obstante, al insistir en una inmediatez y una autofundación que son lógicamente incompatibles con la arquitectura de la cognición, su solución resulta inviable. La crítica aquí presentada no niega su impulso, sino que lo redirige.

El realismo que puede sobrevivir al siglo XXI no es un retorno nostálgico a un contacto pre-crítico con las cosas. Es, más bien, un realismo post-crítico que acepta valientemente nuestra condición: somos sistemas cerrados, cognitivamente opacos, que operamos con un modelo mediado del mundo. Nuestra grandeza no está en superar esa mediación, sino en la capacidad de hacer de ella un espacio de sentido convergente. El realismo que emerge no se funda en la evidencia de una presencia, sino en la inferencia racional hacia un límite que se insinúa en la coherencia, resistencia y fecundidad de nuestra experiencia compartida. Es un realismo más modesto, pero quizás por ello, más sólido y digno de habitar: un realismo que, sabiéndose mediado y subdeterminado, encuentra en esa misma limitación la razón para seguir buscando, corrigiendo y confiando — no en una certeza dada, sino en la posibilidad siempre abierta de una mayor coherencia con el límite que nos constituye y nos trasciende.



Bibliografía


Obra principal criticada:

Dreyfus, H., & Taylor, C. (2015). Recuperar el realismo. Ediciones Sígueme. (Título original: Retrieving Realism, Harvard University Press).


Referencias citadas en el argumento:

Goodman, N. (1955). Fact, Fiction, and Forecast. Harvard University Press.

Honderich, T. (Ed.). (1995). The Oxford Companion to Philosophy. Oxford University Press..

Pöppel, E. (1997). A hierarchical model of temporal perception. Trends in Cognitive Sciences, *1*(2), 56-61.

Varela, F. J. (1999). The specious present: A neurophenomenology of time consciousness. En J. Petitot, F. J. Varela, B. Pachoud, & J.-M. Roy (Eds.), Naturalizing Phenomenology: Issues in Contemporary Phenomenology and Cognitive Science (pp. 266-329). Stanford University Press.

Wittgenstein, L. (1953). Philosophical Investigations (G. E. M. Anscombe, Trans.). Blackwell.


Bibliografía de contexto y soporte (para enriquecer y mostrar el diálogo):

Kant, I. (1781/1787). Crítica de la razón pura.

Kripke, S. A. (1982). Wittgenstein on Rules and Private Language. Harvard University Press.

Merleau-Ponty, M. (1945). Fenomenología de la percepción.

Putnam, H. (1981). Reason, Truth and History. Cambridge University Press.  .

Rorty, R. (1979). Philosophy and the Mirror of Nature. Princeton University Press .

Van Fraassen, B. C. (1980). The Scientific Image. Oxford University Press.  .


Trabajo propio citado (fuente en línea):

Meda, H. (2025, diciembre 29). Ausencia de evidencia como evidencia de ausencia: Hacia un realismo convergente regulativo en la inferencia científica. Segunda Navegación. 

https://hector1564.blogspot.com/2025/12/ausencia-de-evidencia-como-evidencia-de.html



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