Sobre la creatividad
el caso de S.M, un caso real: Varios hijos, uno por cada padre, desde la adolescencia hasta los veintiocho años, ahora, desde allí marido rico y matrimonio estable pero al cabo, ella empieza un inocente chateo por internet con alguien a quien se le dice fingidamente estar embarazada pero habiendo abortado luego por culpa de un marido maltratador. El marido queda asesinado y S.M aparece a la semana de estrenada la viudedad con nuevo novio, y al mes ya está viviendo con él, ahora el ex amante engañado, se confiesa como asesino, destapa a S.M y se suicida. En resumen, una colección de hechos no concluyentes, en absoluto probatorios, pero que en conjunto, y en base a un perfil psicológico extraído mediante inferencias bayesianas (sin ir más lejos, no es normal que al cabo de una semana enviudada, alguien se avenga a tener otro novio), se puede suponer su culpabilidad y, efectivamente, el jurado la encontró culpable; y si lo hizo, quiero insistir, es por el modo en que estos miembros del jurado habían literaturizado el asesinato en base a los hechos probados y, muy importante, por el modo en que durante toda su vida habían memorizado, esto es, dado contorno visibles de forma fulmínea, como constelaciones de estrellas, a ideas y y roles y escenarios y atributos dispersos percibidos.
Claro que subsumir en un trazo tan grueso como un atributo abstracto del tipo "promiscua" toda una serie de heterógeneas conductas razonablemente familiares, es tan informativo como abordar con un epígrafe genérico del tipo "metalurgia" toda una serie de distintas compañías, quiero decir, es fácil encontrar elementos sectoriales que afecten a todo un conjunto de elementos pero la distintiva singularidad de cada empresa hace imposible adivinar según qué otras cosas y si no apercibimos a priori esta borrosidad podemos desde ciertas distancias encontrarnos con falsos positivos de situaciones familiares.
En realidad, y si lo observas bien, esta aglomeración de conductas que etiquetamos como atributo, y luego esta aglomeración de atributos que etiquetamos como personalidad; ocurre de involuntaria forma instántea fruto de un pensamiento intuitivo construido por, según Kahneman, un módulo de pensamiento (llamado sistema uno -en contraposición al mucho más lento pero consciente sistema segundo) que, como los nodos más transitados de una red, son aquellas rutas neuronales y trayectos reflexivos que, a razón de su ligera diligencia, más cotidianamente se apropian de nuestras reacciones pero que también tienen, ojo, una fuerte tasa de error según en qué contextos y precisamente por lo precipitado de sus dictamenes y lo limitado de sus ambientes operativos.
Este módulo de nuestra mente, el sistema uno, es el que se da en nuestra cabeza cuando haces las cosas sin pesarlas y no frunces el ceño y coges lapiz y papel y haces concentrado las cuentas a mano utilizando tecnologías como el lapiz y el papel y el cálculo matemático. Claro que no siempre es posible tal agotador grado de dedicación pues, e imagina el familiar caso de la conducción de un coche, a veces el cambiente dinamismo del entorno nos obliga a abstraer cierta información, y es que, y cualquiera que haya conducido lo sabe, sólo es posible por ejemplo llevar bien un coche cuando hemos automatizado los gestos y reacciones a una distancia de milésimas y podemos entonces manejar el carro sin tener el estrés y la angustia y la sensación de estar constantemente al borde del colapso con tanta señales de tráfico y las revoluciones pitando y los coches de al lado cercándote.
Pero si te fijas bien, lo que Kahneman refiere en realidad cuando habla del sistema uno (y nos advierte de sus precipitaciones en según qué momentos), es de una memoria asociativa que va proveyendo ideas según las tiene a mano como stock, dentro de la más extensa memoria largoplacista, que intenta proveer todas las soluciones tratando también de no recurrir a nadie más, o sea, y por decirlo en términos reconocibles para un informático, toda vez que trabajemos con la memoria RAM, estamos usando el módulo primero, y el segundo entrará, por lo tanto, cuando recurramos al esfuerzo de reflexionar, pararse a pensar un poco el asunto y en definitiva tirar de la otra memoria, la principal. De este modo no es de extrañar que el sistema uno esté asociado al pensamiento intuitivo y a la creatividad pues la creatividad, como de hecho propuso Sarnoff Mednick (y recoge Kahneman), no es más que "una memoria asociativa que trabaja excepcionalmente bien" de forma, como bien llega a decir Robert Musil, la intuición no es más que "la afinidad y solidaridad de las ideas concentradas en un cerebro", claro que esto, lejos de ser suprapersonal o infrapersonal, le corregiría, es lo más personal que puede haber pues nada hay más singular y propio que todas las ocurrencias biográficas y herencias genéticas que han ido sedimentando particularmente nuestra memoria RAM y mapeándola genuinamente de ideas y emociones con su peculiar afinidad armónica mientras que la racionalidad, por el contrario, no es más que el uso de herramientas comunitarias (v.gr: las matemáticas, por extensión el lenguaje, etc.).
De hecho, en lo que disiento con Mednick es que en sí misma sea la asociatividad de una cabeza y su rapidez en el gatillaje lo que dictamine la creatividad de una persona y no más bien el trade off entre extensión y heterogeneidad de la memoria asociativa. O por recurrir otra vez a la informática en donde se entiende por nivel de granularidad -de grueso a fino, de abstracto a específico- el grado de detalle habido en los esquemas lógicos con que se estructuran los datos (v.gr: El registro de un cliente de una clínica veterinaria se podría detallar con campos como un código para el primer apellido, un nº de cuenta bancaria, una dirección, un teléfono, el nombre y sus correspondientes apellidos) de forma que en una granularidad muy gruesa se optimiza el uso de recursos computacionales al ser de menor volumen la información utilizada, si bien, también se arriesga la consistencia entre los datos al contrario que con gradientes más finos de granularidad; pues bien, lo que caracterizaría a una efectiva creatividad no sería la ingeniosidad coyuntural de juntar ocasionalmente el tocino con la velocidad sino la sistematicidad con que esos hallazgos microestructurales se darán, es decir, la capacidad de crear una estructura lo suficientemente gruesa como para que ilumine un ámbito operativo concreto de una forma mucho más eficiente -en el sentido de más extensa y/o más intensa- de lo que se estaba haciendo antes. Así entendido, el creativo sería por definición un visionario y así entendida, la creatividad no sería un don, que como le sucedía a Midas, todo lo que toca lo convierte en algo nunca visto (no existe una creatividad sistemáticamente efectiva que emerga del contacto primerizo con un terreno) sino que se necesita una previa exposición a un tema, el cual, al justamente ir entendiéndolo, esto es, abarcándolo con la memoria, se le inventa, por así decirlo, un truco con el que mapear, ver de tirón, todo el territorio.
En ese sentido, lo relevante de cualquier pensamiento venido del sistema Uno, bien mirado, no residiría en su falibilidad (que se da siempre por descontada pues nace de un trade off por definición útil en un contexto) sino en el concreto instrumental que involuntariamente usamos cuando estamos ejecutando nuestros pensamientos con dicho sistema, y esto, esto explicaría la diferencia de resultados erróneos en, por ejemplo, quienes esterotipan sabiendo (teniendo el plug-in) de estadística y quienes no, y así, sin ir más lejos, los primeros, como los segundos, saben que si les hablan de una persona reservada y meditativa esto encaja con un prototípico bibliotecario o un granjero pero sólo los primeros saben que hay más granjeros que bibliotecarios, por lo tanto, es mayor la probabilidad de, al estar con una persona reservada y meditativa, tener en frente a un granjero antes que a un bibliotecario.
Por esto mismo, frente al inevitable fracaso continuo de la intuición, lo que cabría esperar no siempre es más (abstracta) racionalidad -como propone Khaneman- sino también, por qué no, más (concreta) intuición, innovación tecnológica, en suma, creatividad.
Por esto mismo, frente al inevitable fracaso continuo de la intuición, lo que cabría esperar no siempre es más (abstracta) racionalidad -como propone Khaneman- sino también, por qué no, más (concreta) intuición, innovación tecnológica, en suma, creatividad.
Comentarios
(...) la memoria, pues, resulta simplemente el nexo entre componentes de una estructura, la cual no tiene por qué estar en su totalidad presente, pero sí configura, como los componentes del denominado presente, la conducta.
Y plug-in es un término típicamente informático que viene a poder traducirse como parche y que se utiliza toda vez que se incremente la función de un programa al añadirle a este una nueva funcionalidad -es decir, el plug-in- como cuando me actualizo un reproductor de música y ahora resulta que este puede, yo qué sé, leer ahora archivos de extensión .wav
Si uno se fija bien, el lenguaje, por ejemplo, es un plug-in cognitivo que nos habilita la función de la comunicación, de hecho, no soy el único en considerar que en realidad somos cyborgs.
Espero que me haya conseguido explicar :))
El lenguaje, mismamente, es un carcelero de la memoria de forma que si puede recordar todo una panoplia de percepciones heterogéneas bajo el epígrafe de, pongamos, una "silla", es decir, si puede reconocer una silla es porque el lenguaje me habilita tal función complementaria a la memoria y me libra de ser un hombre-lobo como aquellos que, porque por ejemplo se quedarón huérfanos en una selva, han nacido sin la visión del lenguaje. Claro que cualquiera que trabaje con el habla sabe que además de "sillas" hay "sofás" y "taburetes" y todos son asientos, sí, pero no todos iguales y etc. y hay empieza el trade-off intensión y extensión, es decir, el calibrar esa tecnología (entre muchas otras) que es, en este caso que estamos hablando, el lenguaje para nuestro andar por el mundo
Por ejemplo, nuestra reconocimiento y comprensión y recordatorio de la nota DO -a la postre una nube arbitraria de armónicos- se ve paulatinamente degradado según se van modificando dichos armónicos al punto de que variaciones de un cuarto de tono se nos aparecen como DOs desafinados pero, llegado un punto de varianza, y en transición abrupta, de repente nos suena la nota siguiente en la escala, y no obstante, esas resistencias a cambiar el reconocimiento y corregirlo son distintas según quién las escuche, si un músico profesional de oído entrenado o un oyente diletante.
Pero ni siquiera tenemos que escarbar percepciones a un nivel tan neurobiológicamente básico pues, como recién anoté en el anterior ejemplo de la silla, cada vez que usamos el lenguaje, cada vez que usamos un producto suyo como una palabra cualquiera, ya estamos instaurando un nivel de significación al inaugurar con ese concepto una determinada red de connotaciones y por tanto una potencial serie de transiciones asociativas que podemos traer a la mano gracias a la simbiósis que ejercer dicha palabra con nuestra memoria.
Por supuesto, no todos los mecanismos carceleros pueden modificarse alegremente pero sí sobre todo aquellos que son de naturaleza cultural, por ende intersubjetiva y además lo hacemos constantemente cada vez que escogemos una palabra y no otra o cada vez que escogemos un gesto y no otro y etc.