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Ethos

Los psicólogos que han estudiado el ajedrez mencionan con frecuencia "el sentido del peligro" entre las cualidades que debe tener un gran maestro, y que le permite atender las posibilidades más importantes, sin perder tiempo en analizar trivialidades. En 1991 Kasparov, (...), se enfrentó con (...) Deep Thought . El jugador humano ganó a la máquina, a pesar del gran poder de cálculo que ésta tenía, y de la eficacia del programa. Cuando le preguntaron a Kasparov cuál había sido el fallo de la computadora, respondió: "No tiene sentido del peligro." Por carecer de sentimientos, el ordenador no sabía distinguir lo esencial de lo accidental, por lo visto. (...) Lo diré con cierta brusquedad: "Los sentimientos son el modo como aparecen en la conciencia grandes bloques de información integrada, que incluyen valoraciones." La inteligencia se las ingenia para manejar mucha información de una vez. Los esquemas para apropiarnos de la realidad se hacen cada vez más amp...

Esbozos de una biografía shakesperiana

"Pero ¿por qué sólo música", me preguntó la señora C. "Si todo esto fuera de origen psicótico, ¿no oiría también voces?" Le repliqué que sus alucinaciones no eran psicóticas, sino neurológicas, llamadas alucinaciones "de liberación". Dada su sordera, la parte auditiva del cerebro, privada de su input habitual, había comenzado a generar una actividad espontánea propia, que adquiría la forma de alucinaciones musicales, sobre todo recuerdos musicales de su vida anterior. El cerebro necesita permanecer incesantemente activo, y si no obtenía su estímulo habitual, ya fuera auditivo o visual, creaba su propio estímulo en forma de alucinaciones. Página 75 del libro Musicofilia , de Oliver Sacks Las convicciones de Freud sobre la importancia del desarrollo infantil tiñeron también su opinión sobre la actividad creativa. Freud estaba impresionado por los paralelos entre el niño que juega y el artista creativo. Él mismo lo expresó así una vez: ¿No podríamos decir que...

Biosfera 2

( Más anotaciones ya publicadas y ahora reproducidas otra vez ) . . . Si queréis creerme, bien. Ahora diré cómo es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre las dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada por dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los instersticios, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube; se entrevé más abajo el fondo del despeñadero. Esta es la base de la cuidad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, piqueras de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas, tiestos con plantas de follaje colgante. Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de ...

La mano invisible

( Más anotaciones ya publicadas y ahora reproducidas otra vez ) En su libro EL quark y el jaguar , Murray Gell-Mann define un sistema adaptativo complejo como Aquel sistema que adquiere información acerca tanto de su entorno como de la interacción entre el propio sistema y dicho entorno, identificando regularidades, condensándolas en una especie de esquema o modelo y actuando en el mundo real sobre la base de dicho esquema. En cada caso hay diversos esquemas en competencia y los resultados de la acción en el mundo real influyen de modo retroactivo en dicha competencia No es difícil entender estos sistemas adaptativos -que a su vez, a modo de Matriushkas , pueden estar hechos de sistemas adaptativos- como sistemas seleccionales que es el modo que tiene Edelman de denominar a aquellos sistemas que evolucionan de una forma darwinista. Cada vez se están encontrando más sistemas adaptativos complejos (CAS, a partir de ahora) en la naturaleza. La más impactante tal vez sea la de Lee Smoli...

El Mito ó en las fronteras del lenguaje

( En sucesivas fechas iré republicando anotaciones ya posteadas en su momento pero cuando al principio del blog, vamos, cuando apenas había lectores y justo por esto, seguro que aún no han sido leídas ) A lo largo de la historia se ha buscado infructuosamente una lengua perfecta que pudiera describir todo tipo de fenomenologías. Una lengua omniefable, lógicamente prístina, una lengua no redundante, mejor en todos los aspectos que cualquier otra natural o artificial; pues las primeras resultan ser imprecisas y redundantes y las segundas, limitadas en su alcance descriptivo. Umberto Eco, en su posiblemente mejor libro: La búsqueda de la lengua perfecta , dió cuenta de esa ilusoria utopía y de cómo su posible existencia atrajo, y atrae, la atención de innumerables pensadores occidentales desde Dante hasta Leibniz. Detrás de tal ímpetu se encuentra, nos dirá, la ilusión utópica de recuperar la lengua prebabélica y el estado fraternal de comunicación plena entre todos los pueblos del mundo...

La lotería en el Mercado

La Compañía, con modestia divina, elude toda publicidad. Sus agentes, como es natural, son secretos; las órdenes que imparte continuamente (quizá incesantemente) no difieren de las que prodigan los impostores. Además ¿quién podrá jactarse de ser un mero impostor? El ebrio que improvisa un mandato absurdo, el soñador que se despierta de golpe y ahoga con las manos a la mujer que duerme a su lado ¿no ejecutan, acaso, una secreta decisión de la Compañía? Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que la Compañía es omnipotente, pero que sólo influye en cosas minúsculas: en el grito de un pájaro, en los matices de la herrumbre y del polvo, en los entresueños del alba. Otra...

El hombre que confundió a su mujer con un sombre (y II)

(Venimos de aquí ) En filosofía, hay una antiquísima tradición occidental, ya casi abolida, de vislumbrar al ser humano de forma dual, cuerpo y mente, alma y cuerpo. Tal perspectiva parece casi re-inaugurarse luego de leer el siguiente caso que nos relata Sacks, el de una mujer a quien de repente se le desvanece su sexto sentido, el de la propiorecepción, y se muestra entonces incapaz de mover los músculos de su cuerpo con la precisión de antes. Dicen que, o al menos hasta ahora, lo difícil no es conseguir que un brazo robótico agarre una pelota sino que sostenga un huevo y, lógicamente, que lo haga sin romperlo. Desaprender el control del cuerpo, en este caso por lesión neurológica, nos invita a reflexionar sobre el tácito manejo que tenemos sobre nuestro "yo" y cómo éste se construye no de una forma cibernética, esto es, recopilando información sensorial a través de nuestros sentidos; sino sentida , esto es, nuestras sensaciones son esencial y literalmente vividas. Nuestras...