El flogisto de la narratología
§ Hay libros que irritan por lo que dicen y otros por lo que prometen e incumplen. La teoría de la bolsa de la ficción , de Ursula K. Le Guin, pertenece a la segunda especie, que es la peor. El título promete una teoría: un sistema de proposiciones, una explicación, algo que se sostenga más allá de un párrafo. Lo que entrega es una metáfora con pretensiones antropológicas y una genealogía ajena: Elizabeth Fisher había especulado que la primera herramienta humana no fue el arma sino el recipiente, y Le Guin adopta esa primicia como si la primicia de la herramienta fuera la esencia del relato. Nadie le explica por qué. Nadie le demuestra qué se gana con que los relatos sean bolsas en lugar de lanzas. Se da la primicia por naturaleza, y se da la naturaleza por norma, y se da la norma por denuncia. Tres tránsitos sin peaje, y el lector que protesta es machista. El panfleto viene, además, con prólogo de Donna Haraway: un ejercicio yo-mi-me-conmigo donde la bolsa es souvenir autobiog...