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La cabaña de Calicles: un estudio sobre la naturaleza de la cerca

  §1 Una vez, en un teatro –llega a narrar Kierkegaard– el fuego irrumpió entre bastidores. Fue el payaso quien salió al proscenio para anunciar la catástrofe. El público, embriagado de su propia diversión, creyó que era el remate genial de la farsa, por lo que solo atinó a prorrumpir aplausos y carcajadas. El payaso, empero, con la impotencia del que habla con voz enmudecida por sordera del respetable, insiste en su boqueo no consiguiendo sino que la ovación alcance su clímax de estupidez jubilosa. Así me imagino perecerá el mundo, apostilla el pensador danés, no entre murmullos, ni siquiera exclamaciones, sino entre carcajadas ovejunas por una función al que ya le llegó su término. La especie humana, en su función más esencial, será la audiencia que se extingue vitoreando las gracias y todavía dando gracias a su propio verdugo. §2 El volumen Desde un bosque lejano: Tecnología, colapso y revolución , de Theodore Kaczynski, opera menos como antología que como corpus delicti : una...

La tumba sin muerto: Heidegger, el feto y la imposibilidad de la sepultura

  «El habitar es el rasgo fundamental del ser.» Martin Heidegger, Construir, Habitar, Pensar El juego de la silla Hay en la filosofía de Heidegger una especie de juego de la silla musical. Cuando la música —esa música silenciosa que es el pensamiento del ser— deja de sonar, las palabras que creíamos saber dónde estaban se sientan en otros asientos. Bauen ya no es levantar muros, sino cultivar y custodiar. Wohnen no es tener una dirección postal, sino el modo mismo en que los mortales existen. Denken no es calcular, sino agradecer. Y así, palabra tras palabra, el vocabulario de la vida cotidiana es desposeído de su sentido habitual para ser reinstalado en una topología extraña, más antigua y más exigente. Pero en todo juego de la silla hay alguien que se queda de pie. O, peor aún: alguien que nunca llegó a sentarse porque nunca fue admitido al círculo de los jugadores. Ese alguien es, en la ontología heideggeriana, el feto. No el feto como objeto de la biología, ni siquiera como ...