La inmaculada concepción de la física
Corría 2009. En el fragor del caso Gürtel, Manel Fontdevila publicó en el diario Público una viñeta que ha quedado como emblema. En ella, varios políticos del Partido Popular chapotean en una ciénaga de lodo, mientras Esperanza Aguirre camina a su vera, impecable en un traje blanco. Cuando uno de sus correligionarios, desesperado, viéndola tan inmaculada, le pregunta cómo lo logra, la política, con ingenuo aplomo, le responde : « ¿Lo qué? ». Evoco aquella imagen porque cifra con exactitud el regusto que me deja haber leído Perdidos en las matemáticas: Cómo la belleza confunde a los físicos , de Sabine Hossenfelder. Y no porque el libro sea exactamente una ciénaga, sino porque su autora parece no advertir el barro en el que ella misma chapotea. Primero, por el retrato que traza de sus colegas. En su periplo de entrevistas a físicos sobre por qué emplean la belleza matemática como brújula heurística, se topa con una respuesta unánime que oscila entre el tartamudeo y el dogma: «aqu...