El Mito de la Habitación 1729
Imagina, mi querido Glauco, que la realidad es una Gran Casa de proporciones infinitas: un palacio laberíntico, con alas que se pierden en la penumbra y sótanos que descienden hacia lo insondable. Una noche, el Mayordomo de las Necesidades subió las mil escaleras de la torre septentrional, llevando su propia lámpara, porque le habían dicho que ardía una luz donde ningún Huésped tenía reserva. En la cámara más alta —sobre la puerta, una cifra grabada en la piedra: 1729— encontró a un hombre alimentando la llama de una lámpara cuyo aceite nadie le había asignado. —¡Hardo! —gritó—. ¿Qué haces aquí? El pergamino de hoy no señala ninguna habitación en esta torre. Los demás corren por las alas, encendiendo donde hay reserva: el comercio, la física, la maquinaria; cada lámpara sirve a un Huésped que llega con sus asuntos urgentes, y cada una se apaga cuando se marcha. Tú, en cambio, gastas el aceite de la Casa en una cámara que nadie ocupará jamás. ¿No sabes que el aceite es finito? Cad...