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Date Tiempo. Un diálogo sobre genios y aprendizaje.

  —Con lo listo que era, más aún: superdotado. Qué raro, qué pena que no llegara a tronar su talento. —Pero ¿qué entiendes tú por genialidad? —Él. —Ciertamente era un buen atleta.   —¿Un buen atleta? — Un buen atleta. Eso no lo hace mejor jugador.   —¿Eso no lo hace mejor jugador? — Eso no lo hace mejor jugador. La mayoría de los precoces no dan fruto, y hay estudios que lo dicen casi como regla: un análisis publicado en Science revisó diecinueve investigaciones con cerca de 35.000 personas de alto rendimiento en deportes, música, ajedrez y ciencia. La precocidad no predice la excelencia adulta. —Sí, claro... Drogas, mala vida, yo qué sé. —Eso es: que no sabes. —Te doy la vez. Pero no agotes mi paciencia. —Vamos a hacer un juego. —Faltaría más. —Imagina que doy clase de matemáticas a unos niños: multiplicación y división. ¿Quién es el genio? —Eso me recuerda a un entrenador infantil al que un padre le preguntó si su hijo podía llegar a ser Messi. Yo le habría remitido al ...

El Mito de la Habitación 1729

  Imagina, mi querido Glauco, que la realidad es una Gran Casa de proporciones infinitas: un palacio laberíntico, con alas que se pierden en la penumbra y sótanos que descienden hacia lo insondable. Una noche, el Mayordomo de las Necesidades subió las mil escaleras de la torre septentrional, llevando su propia lámpara, porque le habían dicho que ardía una luz donde ningún Huésped tenía reserva. En la cámara más alta —sobre la puerta, una cifra grabada en la piedra: 1729— encontró a un hombre alimentando la llama de una lámpara cuyo aceite nadie le había asignado. —¡Hardo! —gritó—. ¿Qué haces aquí? El pergamino de hoy no señala ninguna habitación en esta torre. Los demás corren por las alas, encendiendo donde hay reserva: el comercio, la física, la maquinaria; cada lámpara sirve a un Huésped que llega con sus asuntos urgentes, y cada una se apaga cuando se marcha. Tú, en cambio, gastas el aceite de la Casa en una cámara que nadie ocupará jamás. ¿No sabes que el aceite es finito? Cad...

La inmaculada concepción de la física

  Corría 2009. En el fragor del caso Gürtel, Manel Fontdevila publicó en el diario Público una viñeta que ha quedado como emblema. En ella, varios políticos del Partido Popular chapotean en una ciénaga de lodo, mientras Esperanza Aguirre camina a su vera, impecable en un traje blanco. Cuando uno de sus correligionarios, desesperado, viéndola tan inmaculada, le pregunta cómo lo logra, la política, con ingenuo aplomo, le responde : « ¿Lo qué? ». Evoco aquella imagen porque cifra con exactitud el regusto que me deja haber leído Perdidos en las matemáticas: Cómo la belleza confunde a los físicos , de Sabine Hossenfelder. Y no porque el libro sea exactamente una ciénaga, sino porque su autora parece no advertir el barro en el que ella misma chapotea. Primero, por el retrato que traza de sus colegas. En su periplo de entrevistas a físicos sobre por qué emplean la belleza matemática como brújula heurística, se topa con una respuesta unánime que oscila entre el tartamudeo y el dogma: «aqu...

De Poincaré a la problematización relacional: el punto ciego del psicologismo

El texto y su promesa En 1908, Henri Poincaré pronunció ante el Institut général psychologique de París una conferencia que se convertiría en lectura obligada para futuros libros sobre psicología de la creatividad: La invención matemática . En ella, el matemático más influyente de su época se proponía algo audaz: desvelar el mecanismo psicológico por el cual se producen los descubrimientos matemáticos. No hablaba en abstracto; relataba su propia experiencia con las funciones fuchsianas. Aquí se da registro al célebre episodio en que la solución se le apareció de golpe al subir a un autobús, tras días de trabajo infructuoso y una noche de insomnio. La promesa era enorme. Poincaré no solo describía qué había descubierto, sino que pretendía mostrar cómo ocurre el descubrimiento mismo. Distinguía fases —trabajo consciente, incubación inconsciente, iluminación súbita, verificación lógica— y postulaba un "yo subliminal" que, durante el reposo, combinaba ideas y seleccionaba la so...