Donde Gödel responde a Russell: elogio del cielo abierto
I. Exordio: La escena y el envite Corría el año 1952 cuando Bertrand Russell, con la precisión de un cirujano y la ironía de un panfletista, legó a la historia del pensamiento una de sus analogías más célebres: Si yo sugiriese que existe una tetera de porcelana entre la Tierra y Marte que orbita en una trayectoria elíptica alrededor del sol, nadie sería capaz de rebatirme siempre y cuando yo me cuidase de advertir que dicha tetera es demasiado pequeña como para poder ser detectada inclusive por nuestros instrumentos más potentes. Pero, ya que no se puede probar que no existe lo que yo digo, si yo ahora afirmara que resulta inadmisiblemente presuntuoso por parte de la razón humana dudar de ello, la gente pensaría muy acertadamente que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de esa tetera también fuese sostenida por afirmaciones escritas en libros antiguos, impartida como enseñanza sagrada todos los domingos e introducida en las mentes de los niños y niñas en la escuela, ...