Tres Barcas
ESTACIÓN I: EL CAFÉ — ¿Café o té? — Pues no sé, ¿cuál me recomienda? — A ver, ¿para qué le importa tanto? ¿Si le traigo té en lugar de café, nota usted la diferencia? — Pues… la verdad es que no. — Entonces, ¿para qué pregunta? El chiste es perfecto porque es cruel. El camarero no está siendo amable; está desnudando al cliente. Le está diciendo: usted no tiene paladar para distinguir lo que su gesto de duda finge distinguir. Usted pregunta no porque necesite elegir, sino porque necesita representar que elige. El ritual de la indecisión es más importante que la bebida. Kant, en la Crítica de la Razón Pura , hace exactamente lo mismo con la libertad. Pero con una diferencia: él es el camarero y el cliente al mismo tiempo. En A559/B587, justo antes de cerrar el ataúd de la Tercera Antinomia, Kant confiesa algo que ningún filósofo anterior se había atrevido a confesar con tanta crudeza: que el único uso al que podíamos aspirar con todo este aparato de la...